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Opinión | Un minuto

Rectificar cuanto antes

Usé el 30 de marzo el término arandela para describir el colgante que Inés lucía en la nariz, una de las participantes en el voluntariado que llevamos a cabo con escolares de un colegio público, quien me sugirió el tema de uno de estos minutos.

Pues he de rectificar porque eso que yo denominé arandela se trata de un piercing, según me explica Eva, una aventajada alumna de 1º de Bachillerato que nos echa una mano con los críos de 10 años que acuden a estas sesiones de voluntariado para realizar sus deberes escolares.

Aunque yo ahora lo rectifico —dicen que «el rectificar es de sabios»— el mérito y elogio van para Eva que es quien me lo aclara, e incluso me lo escribe, pues ella manifiesta estar al día, cosa que yo no alcanzo en el uso de esas nuevas palabras.

En todo caso, sólo me honro de la inmediatez en la rectificación porque cada día descubro cosas que me asombran, novedosas para mí, pero ya conocidas por el resto de los mortales: por ejemplo, colocar pelotas ya usadas de tenis o pádel al final de las patas metálicas de mesas y sillas, como vi en un aula de ese colegio al que acudo, para evitar los chirridos y estridencias que en una clase con 30 críos se pueden originar. Buena idea y así lo reflejo.

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