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Opinión

Fin de la conspiración

El nombramiento de Kash Patel como director del FBI fue celebrado con alborozo en los ambientes de MAGA. Lo mismo sucedió cuando Dan Bongino fue nombrado subdirector de esta misma agencia gubernamental. Ambos eran conocidos por su lealtad incondicional a Trump, su mentalidad conspiranoica y su fanatismo. Es decir, que hicieron méritos para estar donde están. Se podría decir incluso que, de todos los elegidos por el presidente, estos dos se encontraban entre los favoritos. Eran los más queridos por el movimiento. Los que el establishment tenía que temer. Los que iban a abrir la cortina para que el pueblo estadounidense por fin pudiera contemplar cómo su gobierno le oculta información. Los ángeles vengadores de Trump.

Patel trabajó en el Departamento de Justicia y fue fiscal antiterrorista. Pero lo que le condujo a esta nueva posición de mando no fue su currículum vitae, sino lo mucho que hizo por el líder republicano; difundió teorías conspirativas (muchas de ellas, además, a través de libros infantiles), compadreó con QAnon y su grupo de iluminados, defendió a los asaltantes del Capitolio y prometió represalias contra los enemigos del presidente. Bongino, por su parte, como tantos otros miembros de esta administración, procede de los medios de comunicación. Durante años fue un invitado frecuente en Fox News hasta que le dieron un programa propio. Luego se pasó al mundo del pódcast, donde halló la libertad para contar «lo que no te cuentan los medios» (incluida la cadena Fox News) y seguir promoviendo el trumpismo con tanta pasión ideológica como provecho económico.

Sin embargo, Patel y Bongino han provocado una gran decepción en los círculos de la derecha alternativa. El motivo es Jeffrey Epstein, un multimillonario acusado de tráfico y abuso sexual de menores que se suicidó en una cárcel de Nueva York. Los de MAGA encuentran el suicidio inverosímil y están convencidos de que Epstein, que tenía amigos en las altas esferas y organizaba fiestas con famosos, no se mató, sino que fue eliminado para que no se conocieran más nombres de los que estuvieron involucrados en sus fechorías. Patel y Bongino, antaño activistas libérrimos y ahora burócratas aburridos, afirman que el hombre, en efecto, se suicidó. ¿Por qué? Muy simple. Porque han tenido acceso a los documentos y pudieron comprobar en persona que no existen indicios o pruebas de ningún tipo que sugieren lo contrario.

Ni que decir tiene que antes no pensaban así. Bongino estuvo especialmente obstinado con este caso. Les decía a sus oyentes que era muy difícil creer que Epstein se suicidara. Y se le veía enfadado, dolido, indignado. Este cambio de opinión no es baladí, pues Bongino, gracias a esos discursos, se convirtió en una celebridad. Sin embargo, el subdirector del FBI apareció estos días en televisión vestido con un traje (en sus tiempos de influencer usaba ropa más informal), hablando con seriedad (como un adulto), y, con un tono solemne, dijo que Epstein se suicidó. O sea que no, que no hay que darle más vueltas. Fin de la conspiración. Patel, que lo acompañaba en la entrevista, añadió que él, que conoce bien el sistema penitenciario y tiene experiencia en ese ámbito, sabe reconocer un suicidio cuando lo ve. Y esto fue un suicidio, damas y caballeros. No demos rienda suelta a nuestra imaginación. Sigan desconfiando, pero no piensen cosas raras en el tema de Epstein. El caso está cerrado.

Algunos miembros de MAGA no les creen. Otros piensan que se han vendido al estado profundo, corrompiéndose en el Poder. ¿Acaso no están ahí gracias a teorías como esa? ¿Entonces para qué los pusieron ahí? Desde luego no los seleccionaron por su trayectoria como fact-checkers. Pero las explicaciones son más sencillas. Patel y Bongino no tenían una responsabilidad. Ahora sí la tienen. Y probablemente saben que, al ostentar esos cargos, las palabras, sin son utilizadas con descuido, pueden tener consecuencias perniciosas para ellos. O quizás ya vieron por fin lo que exigían ver. Y al romper el candado del baúl donde algunos decían que había un tesoro, no encontraron nada, para disgusto de sus escépticos e insaciables seguidores.

Lo curioso, claro, es que Patel y Bongino insisten en que lo han visto con sus propios ojos, como si eso sirviera de algo. Por supuesto, siguen pensando que la gente tiene derecho a creer lo que quiera, pero esa es la verdad, dicen. Ambos demandan confianza en los hechos, después de hacer carrera propagando la eterna sospecha. Es un avance, sin duda. Aunque parece mentira que haya que entregarle el FBI a una persona para que esta comience a madurar.

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