Opinión | El correo americano
La peligrosa coalición
Hace poco estuvo Steve Bannon en el pódcast de Ross Douthat, el columnista conservador de The New Times, para conversar sobre el movimiento MAGA y sus crisis existenciales. La propia entrevista en sí misma, realizada bajo el auspicio del periódico, demuestra que aquel dilema periodístico sobre si entrevistar equivale a blanquear ha quedado más o menos superado. Bannon, que en su día fue vetado por The New Yorker en su festival, es el único que realmente piensa algo en esos círculos, lo cual no quiere decir que lo que piense sea acertado. Pero él es el hombre de la ideología. Y su proyecto merece ser estudiado.
Bannon habla con claridad. América para los americanos. Hay que expulsar a todos los inmigrantes ilegales y revaluar la inmigración legal. Es un nacionalista. Un proteccionista. Un aislacionista. Un tradicionalista. De ahí su desconfianza hacia las empresas tecnológicas y su temor a la amenaza transhumanista. De ahí su conflicto con Elon Musk. Él es uno de los cerebros grises del nuevo populismo estadounidense, el estratega que orquestó la transformación del Partido Republicano. Pasó hasta por la cárcel, como un mártir. Cuando Bannon expone sus ideas, por muy extremistas que estas puedan parecer, es importante escucharlo con atención, especialmente si uno quiere enterarse de lo que traman aquellos que ahora están en el poder.
El tema de la entrevista era la gran coalición trumpista. El modo en que la clase trabajadora se había decantado por los republicanos. Douthat fue uno de los primeros conservadores en predecir (y desear) esa coalición. Los conservadores tenían la oportunidad de apelar a una parte del electorado que había sido ignorada. Los demócratas, más asociados a las élites de la Costa Este, la habían perdido. No habían sabido conectar con ese grupo. Y los republicanos no solo podían hacerlo. Es que además podían presentar un programa que, a su juicio, les beneficiaba. También estaba el tema de la guerra cultural. La teoría de que Estados Unidos es un país tradicionalmente conservador, con independencia del fervor ideológico de los tiempos. Douthat, claro, nunca se imaginó a Trump como el hombre que acabaría liderando el movimiento. Pero este era uno de los posibles escenarios.
Al escuchar a Bannon, de nuevo, con independencia de si uno está de acuerdo con lo que dice o no, se pueden detectar rápidamente las claves de su éxito. Es que nadie, en ninguno de los dos partidos, ha hablado así sobre las necesidades de la clase trabajadora. Sus soluciones pueden ser simplistas, en ocasiones despiadadas, también románticas o incluso neofascistas. Pero suenan a verdad, parten de una verdad, de un sufrimiento real, de un desprecio real. El capitalismo, para muchas personas, no ha funcionado, ni el libre comercio, ni la globalización. No lo suficiente. Y no es difícil entender cómo muchos se pueden sentir identificados. Por supuesto, el problema no es el inmigrante, sino el sistema. Estas son las consecuencias de las políticas conservadoras, implementadas tanto por republicanos como demócratas. Pero Bannon habla de patriotismo, de banderas, de orgullo nacional. Y ahí todo se confunde. Es lúcido, grandilocuente, serio, coherente. Y por ello extremadamente peligroso.
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