Opinión | El correo americano
El anuncio
Sidney Sweeney ha protagonizado la última controversia nacional. Apareció en un anuncio de American Eagle promoviendo los pantalones vaqueros de esta marca de ropa. En él se recurre a los jeans (pantalones vaqueros) y a los genes (los genes) para hacer un juego de palabras (ambas suenan igual en inglés). Sweeney, rubia y de ojos azules, tiene buenos genes, al igual que tiene unos buenos pantalones vaqueros. Resisten más y son más elegantes y hermosos. Entonces algunos empezaron a calificar el anuncio de racista y eugenésico. Por el paralelismo que parecía establecerse entre lo genéticamente superior y Sidney Sweeney, una mujer blanca.
Lo más interesante del escándalo, que se convirtió en una insospechada batalla de la guerra cultural en la que participó también el presidente, fue la reacción de la compañía, American Eagle, que, lejos de pedir disculpas, defendió el anuncio, alegando que el único tema de la promoción eran los pantalones vaqueros y su calidad. Se publicaron una gran cantidad de artículos a favor y en contra. Y, como suele ocurrir en estos tiempos de polarización, Sweeney, que todavía permanece en silencio desde que se generó la polémica, se ha convertido en una heroína para unos (una parte de la derecha) y una villana para otros (una parte de la izquierda).
El asunto, en sí mismo, carece de sustancia, y el hecho de que este haya cobrado tanto valor dice mucho (y no bueno) del momento en el que nos encontramos. Lo interesante, como decíamos, son las reacciones. Si American Eagle se niega a pedir perdón es, sobre todo, porque un estudio de mercado ha determinado que la controversia no solo no les perjudica, sino que les beneficia. Es más, cuando Trump defendió a Sweeney intentando apropiarse del capital simbólico de la actriz para su movimiento, las acciones de American Eagle subieron. Se ha producido un cambio significativo en la era de la cultura de la cancelación. El miedo, efectivamente, ha cambiado de bando. Esto demuestra también que lo que hacían hace unos años las empresas de entretenimiento con sus políticas de diversidad y sus censuras no era más que una estrategia económica. No es que creyeran en esas ideas, es que esas ideas parecían dominar el espacio político del momento y temían ser castigados (con boicots, con mala prensa) al no posicionarse en el lado correcto de la historia.
Otro tema es el modo en que la izquierda y la derecha abrazan ciertas causas. Si alguien le dijera a un conservador de los 60 o 70, o incluso de los 80 y 90, que una mujer atractiva mostrando de una manera sensual cómo le quedan los pantalones iba a ser su referente, probablemente no se lo creería. En aquel entonces la derecha protestaba por la sexualización de la mujer en televisión y la izquierda promovía el amor libre. Those were the days. Ahora el evangélico Ted Cruz publica fotos de Sweeney en redes sociales exaltando su cuerpo y su belleza. Porque así supuestamente se defienden los valores estadounidenses. En las guerras culturales, en suma, lo que realmente se pierde, sobre todo, es el sentido común.
Suscríbete para seguir leyendo
- Una tala marca el inicio de los trabajos en la futura urbanización de A Xunqueira, en Oleiros
- La huelga de bus de A Coruña se iniciará este miércoles al no haber acuerdo entre sindicatos
- El Concello de A Coruña ordena al dueño de un edificio de las galerías de la Marina tomar 'medidas urgentes' ante la caída de piezas a la calle
- El año en blanco de Lucas Pérez y el punto de no retorno: rechazo al Leganés y de nuevo en el mercado
- El precio de la camiseta de Zara de Bad Bunny en la Super Bowl, por las nubes en las plataformas de segunda mano
- Cándido Hermida: “De ebanista soy casi maestro; de empresario sigo siendo un aprendiz”
- Un exjugador del Deportivo explica su temporada en A Coruña: 'Casi llego a las manos con el segundo de Toshack
- Meirás se moviliza contra las plantas de almacenar baterías: 'Que las instalen donde corresponde, en suelo industrial
