Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Shikamoo, construir en positivo

¿Nos extinguimos?

Una de mis playas favoritas, amigos y amigas, es muy inaccesible. Hay quien realiza una parte del trayecto en coche, esperando a ser autorizado en función del aforo, por encontrarse la antedicha en un parque natural lejos de aquí. Pero yo prefiero, directamente, caminar todo el trayecto desde la última zona urbana. Es bien verdad que solamente son unos seis kilómetros y por un paisaje idílico, pero con importantes subidas por caminos de piedras. Si a uno le gusta la comodidad, lo lógico es que no frecuente el arenal en cuestión, a pesar de su belleza y tranquilidad. Y es que no hace falta decir que la afluencia total de personas al mismo es prácticamente anecdótica...

La zona donde la playa se encuentra, por otra parte, es rica en otras propuestas de arena y sol, de forma que el arenal del que les hablo es sólo uno más entre varias decenas de ellos. Hay playas para todos los gustos: diminutas calas y gigantes extensiones, textiles y nudistas, tranquilas y concurridas, y las hay con multitud de servicios y otras, como de la que les hablo, donde uno solamente encuentra bellísimas rocas de geometría complicada, arena, agua, sal y sol. ¡Ah, y muchos peces en el agua...! Resumiendo, que uno no tiene que ir necesariamente a la playa de mis sueños. Hay muchas más y, seguramente, mejores desde cada uno de los puntos de vista de equipamiento, seguridad o incluso paisaje. No se trata de un bien escaso, ni mucho menos. Hay playa en abundancia...

Les cuento esto porque el otro día, casi fruto del azar, utilizando un conocido motor de búsqueda me encontré con algunas reseñas de usuarios sobre la playa en cuestión. Y vaya por delante que jamás he dejado una de ellas sobre nada ni pienso hacerlo, y tampoco creo demasiado en tal instrumento a la hora de optar por un restaurante o un hotel. Prefiero mi propia experiencia vital, y no los engolados comentarios que uno encuentra a veces en tales foros, influenciados por ciertos programas pretendidamente de cocina que tienen más de reality que de otra cosa, donde se habla de que «la lubina al horno estaba ejecutada correctamente»... No.

Y a eso viene esta columna, a partir de dichos comentarios sobre la playa. Había quien directamente protestaba —una estrella— porque la misma no tenía socorristas, como si hubiese que disponer de ellos en cada esquina de costa. O, aún peor, quien sugería poner una pasarela desde uno de los aparcamientos en la pista a la que aludía al principio, a unos quince minutos por un terreno escarpado y con importantes desniveles, objeto de protección por su valor y belleza natural, sobre todo porque se quemaba los pies en la arena y roca ardiente, al querer hacerlo sin zapatos o con alguna solución de calzado reducida a la mínima expresión. La autora, además, decía con horror que, en el estado actual, es imposible acceder al arenal en silla de ruedas o con el carrito de un bebé... Bueno, sí que es verdad que es un rincón inaccesible, pero yo me pregunto... ¿de verdad hay que garantizar el acceso a cualquier lugar por parte de cualquier persona, y además de la forma que le apetezca? Yo, siendo militante activo por los derechos no sólo de movilidad sino mucho más generales ligados a la diversidad funcional, creo que no. No podemos poner una amplia carretera al Naranjo de Bulnes o a las ahora dañadas por el fuego Pena Surbia, Pena Negra o Pena Trevinca, sólo para que todas las personas tengan el derecho de estar. Y es que, creyendo fuertemente en los derechos de las personas, también pienso que todo tiene un límite...

Otro de los comentarios, en la misma línea, calificaba de vergüenza que la playa en cuestión no contase con duchas. La cara que se me puso leyendo eso no la consiguen ni Touri ni José Mota ni Mr. Bean con el mejor de sus chistes jugando con el absurdo. Tres maestros, sí, pero no están a la altura de alguien que piensa que instalar duchas, pasarelas o poner socorristas en un monumento recóndito de la Naturaleza es una prioridad. ¿No les parece? Creo que hay que garantizar que todas las personas tengan la posibilidad de acceso a todo tipo de servicios y posibilidades, sin discriminar a nadie por sus características como persona, pero hasta un punto. Aún así, les diré que la señora en cuestión y muchos otros de los que protestan tienen completa movilidad, como así lo demuestra el hecho de que hayan estado en el lugar en cuestión, con lo cual estamos hablando seguramente, sobre todo, de comodidad o de minimizar el esfuerzo. Pero supeditar a tal comodidad otros valores como la belleza o la excelencia del lugar, para mí es un error. Y cuando se cede a ello por parte de los gestores, y se acometen obras que llegan a ser aberrantes en términos de impacto y sostenibilidad, entonces hablaría ya de fracaso como especie...

¿Nos extinguimos? Pues yo creo que si nuestro estándar de calidad es poner una pasarela a todos los lugares del planeta, sin importar nada más, sí. Ya me dirán qué piensan ustedes, en confianza...

Tracking Pixel Contents