Opinión | El mar alrededor
Ordenar la incertidumbre
Ordenar armarios, reorganizar espacios, otoño de estar en casa, remover cajones, prepararse para el cambio de estación. Una encuentra una radio antigua, de esas que van enchufadas a la corriente o con pilas, y entonces recuerda. ¿Qué hay del kit de supervivencia que teníamos que preparar? ¿Cuántos de nosotros lo llegamos a organizar, lo mantenemos? Pilas, agua, radio, batería de móvil, alimentos específicos, linterna… El susto del apagón fue mayúsculo, y la necesidad de estar preparados de forma individual se convirtió en algo a la orden del día en las conversaciones. Los vientos de guerra en Europa, alentados por la invasión de Ucrania y los tanteos de Putin en las fronteras de otros países, elevaron las defensas, sobre todo en el norte del continente. Europa llamó a concienciarnos de lo importante que es la autoprotección con otros kits de supervivencia, a aprender protocolos de emergencia, e instó a los países a desarrollar formación específica para facilitar a su ciudadanía.
Seis meses después del apagón, y con la memoria de los estragos de otra catástrofe ambiental como la dana muy presente, probamos alertas a los móviles y avanzamos en prevención de forma desigual. En Cataluña se han registrado 134 alertas al móvil en los tres últimos años, un tercio de ellas han sido simulacros como el que puso a prueba a los barceloneses y residentes del área metropolitana el pasado lunes. Pero vamos más rezagados en la implementación de planes concretos que compartir con los ciudadanos. España es el primer país europeo que va a poner en marcha las recomendaciones de la Unión Europea en formación en emergencias a los niños, por ejemplo, y así lo anunció el Gobierno hace ya dos meses. Por el camino, los profesores de escuela han sido llamados a preparar la formación específica que deben impartir a sus alumnos, y ya se han presentado reticencias centradas en las cargas de trabajo y en la necesidad de resolver otros temas prioritarios, un plante en toda regla que amenaza con extenderse a otros colectivos.
La formación para responder ante emergencias es y ha de ser prioritaria: no estamos en un contexto bélico, pero la climatología y la fragilidad del sistema eléctrico ha puesto en evidencia que hay otros riesgos importantes para nuestra seguridad que no deben ser despreciados. En esa línea trabaja Barcelona, con un ambicioso plan de emergencias para hacer frente en forma de simulacro a una realidad cada vez más cercana, la ciudad y sus habitantes sometidos a una temperatura de 50 grados de calor, en verano. El simulacro se presentará al detalle en la próxima cumbre del clima en Brasil, y está previsto que pueda desplegarse en 2027 con un detalle riguroso de la situación a la que nos enfrentaríamos: qué clase de refugios climáticos funcionarían, cómo el pavimento y los edificios responden a un calor extremo, cómo se ha de adaptar la movilidad, cómo debería responder el sistema eléctrico… muchas preguntas que tenemos que ensayar cómo responder, para que los nuevos escenarios críticos que afrontamos como sociedad no nos sorprendan.
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