Opinión | EDITORIAL
El futuro de Medicina en A Coruña

El conselleiro de Educación, los rectores de Vigo, A Coruña y Santiago y el titular de Sanidade. / X. ÁLVAREZ
El 28 de mayo el rector de la Universidade da Coruña, Ricardo Cao, abrió la caja de Pandora al anunciar que retomaba la histórica demanda de crear una facultad de Medicina en la ciudad, iniciando los trámites para lograrlo y desencadenando una crisis académica y política que se cerró temporalmente esta semana con el compromiso de implantar una descentralización que beneficie a la UDC y a su homóloga de Vigo. Se trata, de todas formas, de una tregua, más que de una paz permanente.
El pasado jueves se acordó que durante los próximos tres años los centros de A Coruña y Vigo comiencen a impartir parte de la docencia de manera compartida con Santiago, un plan aprobado por la Xunta en 2015, pero que no se había cumplido desde entonces por el bloqueo de la USC, que ha aplicado un férreo control sobre una de las titulaciones clave del mapa universitario, y la inacción del Ejecutivo autonómico.
Este pacto permitirá a A Coruña y Vigo no solo impartir prácticas en los tres últimos cursos del grado —4º, 5º y 6º—, sino también formación teórica y clínica a través de sus propias unidades de docencia. Gracias a ello, podrán designar el 50% de sus nuevos profesores. Este cambio supera por fin la línea roja marcada por Santiago, muestra del centralismo compostelano aplicado en esta titulación y actitud que contrasta con el proceso de duplicación del grado de Informática. Cuando Santiago decidió abrir una facultad que ya existía en A Coruña, la UDC no se alzó en armas contra su pretensión.
El incumplimiento durante una década del proceso de descentralización ha avivado los recelos entre las tres universidades gallegas, aunque uno de los detonantes del paso dado por la UDC ha sido el temor a la apertura de una facultad privada en A Coruña. Este tipo de iniciativas empresariales, si se ajustan a los requisitos fijados por la ley, disponen de todo el derecho a arriesgar su dinero y tratar de captar alumnos, pero la ausencia de ellas tampoco debe convertirse en una excusa de la USC para boicotear durante una década un pacto descentralizador en Medicina.
En el siglo XXI, que todo ese grado gire en torno a la Universidade de Santiago supone no solo un anacronismo, sino un lastre a la eficiencia. Los médicos acreditados para impartir docencia que dependen del Chuac deben pasar por el filtro compostelano para lograr acceso a la facultad, tanto en la parte teórica como práctica, un hecho que supone conceder a la capital autonómica un poder de decisión que prima sus propios intereses y cuadros.
La Xunta ha logrado con este pacto, tras muchas semanas de negociaciones en la sombra, apaciguar las aguas revueltas del mapa universitario, agitadas por la reclamación de A Coruña y la determinación de su rector. Sin embargo, en ningún caso entierra la demanda de una facultad propia herculina, que daría respaldo al potencial en la investigación biomédica de la ciudad y a su hospital, un centro referencial a nivel europeo en cuestiones como el ámbito cardíaco o de trasplantes, por citar dos ejemplos.
El envejecimiento de la plantilla médica de Galicia evidencia la necesidad de formar más médicos, a pesar de que también urge elevar las plazas de formación mir para que los licenciados puedan superar los requisitos necesarios para ejercer. La Xunta alega que se titulan suficientes médicos en la comunidad, pero también reconoce que muchos estudian en Santiago y luego se marchan a otros territorios.
La reclamación de una nueva facultad queda aparcada, pero Cao ha aclarado que en ningún caso se renuncia a proseguir los trámites para abrir un centro en A Coruña en los próximos años. La ciudad merece contar con una facultad propia.
Aun así, tras las tensiones vividas, el talante mostrado por todas las partes (Xunta y rectores) muestra que los problemas pueden resolverse con pequeñas cesiones de todos y mucho diálogo. En este caso, se ha logrado apagar un incendio, aunque conviene recordar que las llamas fueron avivadas por quienes han tardado una década en sentar a A Coruña y Vigo a la mesa donde se decide cómo se forman a los médicos de la comunidad. Urge tomar nota para el debate que se desenterrará dentro de tres años o antes si vuelve a incumplirse el acuerdo firmado.
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