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Opinión | Buenos días y buena suerte

Sólo para tus ojos: los espías han vuelto

El caso es que, con tanta tecnología, con tantas cámaras callejeras (en algunos países con reconocimiento facial inmediato, en homenaje a Orwell), con tanta inteligencia artificial operando ahí fuera, y quizás pronto dentro de todos nosotros (la IA colonizará nuestro colon, nuestro cerebro y nuestro corazón), con tantos drones sobrevolando las fronteras como pájaros de la noche, resulta un poco raro que los espías tradicionales hayan vuelto. Pero es que la Guerra Fría, el tiempo de los espías por antonomasia, también ha vuelto. Me lo asegura el anchorman (se sonríe cuando lo digo así) Vicente Vallés, que ha venido dominando el prime time informativo, para algunos con un tono crítico, para otros con un tono conservador. Lo que sí es Vallés, doy fe, es un gran conversador. Y algo más: el autor más proclive a novelar la geopolítica contemporánea y a reivindicar el viejo glamur de los espías.

Cuando hablo con él, se acaba de conocer el triunfo de Zhoran Mamdani en la carrera por la alcaldía de Nueva York, y, como sé que Vallés es buen analista del tablero internacional, cada vez más intrincado, y un observador del frágil equilibrio del momento global, no puedo menos que preguntarle qué le parece. Porque tiene el aspecto de ser un golpe duro para Trump y una muestra del descontento ante sus políticas. «No sé si Mamdani podrá ser un líder más allá de Nueva York, no lo sé. Pero está lanzando un mensaje político importante», me dice. «Empieza a haber un sector no desdeñable de la población de Estados Unidos que se moviliza, que se manifiesta, en contra de Trump. No olvidemos que esta vez ha habido una mayor participación en las elecciones. La gente que dejó que Trump ganara, quizás no yendo a votar, empieza a movilizarse. Eso ya pasó cuando ganó Biden. Ahora esto regresa. Y parece indicar que, en su momento, podría provocar un cambio político».

Es difícil hablar con Vicente Vallés y no girar la conversación de inmediato hacia lo que pasa en el mundo. Sus libros, incluso sus novelas, tampoco se separan de la realidad («aunque me invento cosas, claro, que el lector tendrá que detectar»). Cuando lo entrevisté por primera vez, hace ya algunos años, con motivo de El rastro de los rusos muertos, me percaté de inmediato de su interés por los hilos secretos que se cruzan en las relaciones internacionales, y, en especial, por el espionaje, la infiltración y la persecución de los considerados traidores. Un material literario clásico, desde luego, que en las novelas de Vicente Vallés se alimenta del complejo mapa contemporáneo y del delicado equilibrio geoestratégico que vivimos.

Este es también el material con el que Vallés ha construido La caza del ejecutor (Espasa), su novela más conseguida hasta el momento. Ante nosotros un impresionante despliegue por todos los centros de inteligencia (o de espionaje) del mundo, con especial incidencia, como suele hacer, en la Rusia actual y en las crisis abiertas en Europa, como la invasión de Ucrania. Me cuenta Vicente Vallés que ha hablado con especialistas en inteligencia («esta vez más que otras veces con nuestro CNI»), que hay espías que leen sus libros, y que durante años ha mantenido largas conversaciones con algún especialista de la CIA, que le han ayudado mucho. «Mi objetivo es que el lector se lo pase bien, sí, pero también ofrecerle datos de la realidad, para que entienda mejor este mundo complejo en el que nos movemos», explica.

«Cuando se descompone la Unión Soviética, se creyó que la Guerra Fría había terminado. Y bueno, de alguna forma fue así, claro», me dice Vallés. «Pero ahora estamos en otra Guerra Fría. A aquellos protagonistas, se añade China. Así que los espías han regresado incluso con más fuerza, en efecto. Yo aprendí mucho de mis lecturas de Forsyth y Le Carré. Me influyeron de forma decisiva. Como ellos, siempre he querido dar mucha información real dentro de la ficción. Nos ha tocado vivir tiempos interesantes [como decía la famosa maldición china], pero, en fin, ha habido otros muchos tiempos interesantes. Todos son diferentes. Creo que ahora mismo lo más importante es tener información en la que se pueda confiar. Este es un tiempo muy acelerado, en el que se mezcla la realidad y la ficción. Creo que se ha extendido ese modo trumpista de hacer política: desacreditar informaciones periodísticas se ha convertido en una herramienta poderosa para algunos».

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