Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | El correo americano

Guerra civil en MAGA

En MAGA continúan teniendo problemas con el tema de Israel. Ahora Tucker Carlson y Ben Shapiro están en guerra. El primero cuestiona el apoyo incondicional de Estados Unidos al gobierno de Netanyahu. Para el segundo, que es judío, la defensa del estado israelí forma parte de los intereses prioritarios del país norteamericano: es una cuestión existencial. Según el segundo, el primero ya cruzó todas las líneas rojas al hacerle una entrevista a Nick Fuentes (un supremacista que, además de criticar a Israel, también ha dicho cosas terribles sobre los judíos en su conjunto) sin apenas plantear objeciones a las soflamas de su invitado. A juicio de Shapiro, Tucker es un cobarde que legitima a los fanáticos.

Carlson y Shapiro son personas influyentes en el mundo de la derecha estadounidense. Tienen más poder que muchos representantes. Antes estaban en el mismo barco y luchaban por las mismas causas. Sin embargo, su actual enfrentamiento ha generado división en el Partido Republicano. La Heritage Foundation, un think tank muy cercano a Donald Trump, ha decidido defender a Carlson. Dicen que no piensan cancelarlo por sus ideas, aunque, aclaran, no siempre están de acuerdo con él. Por otra parte, comentaristas y presentadores de Fox News han atacado a Carlson. Quieren verlo fuera de juego y condenado al ostracismo. No es que lo quieran cancelar, es que quieren eliminarlo de la conversación. Lo consideran un peligro para el país y para el movimiento conservador.

La guerra entre Carlson y Shapiro ilustra muy bien el estado del Partido Republicano, que depende de las filias y las fobias de unos determinados (y en ocasiones enajenados) líderes de opinión. Y pone en evidencia las contradicciones del movimiento. Carlson es ahora un aliado de la izquierda en ciertos asuntos, como la política exterior. Su posición antiestablishment lo ha situado cerca de quienes los propios demócratas definen como progresistas radicales. Se codea con el periodista Glenn Greenwald y el cineasta Oliver Stone. Elogia al nuevo alcalde de Nueva York Zohran Mamdani… Y habla de ovnis y fenómenos demoníacos. Algunos piensan que se le ha ido un poco la cabeza. Shapiro, autor de un libro que promueve un debate más racional («a los hechos no les importan tus sentimientos») y que señalaba a las políticas de identidad (de otras minorías) como uno de los grandes males de nuestro tiempo, finalmente se ha topado con un colectivo que merece ser protegido: el suyo.

Durante un tiempo se habló de la capacidad de la izquierda para destruirse a sí misma. Ahora vemos que a la derecha tampoco le falta talento cuando se trata de abrir fuego contra los aliados. Se acusan de apostasía, de traición, de impostura. Critican la impureza del otro. Hablan del adversario interno como «antiamericano». Entran, por supuesto, en lo personal. Y, de nuevo, dicen escandalizarse por los métodos empleados, pero ahora se rasgan las vestiduras porque son ellos las víctimas de esos métodos. Antes de invitar a Fuentes, Carlson facilitó su espacio mediático a mucha gente que dijo muchas barbaridades. Shapiro siempre manifestó posiciones extremas en el conflicto entre Israel y Palestina. Ocurre que la revolución del America First no puede tener tantos padres. Unos, como Megyn Kelly, eligen la neutralidad, incluso con aquellos que difunden teorías delirantes. Por si acaso. No se sabe todavía por qué caballo hay que apostar para mantener el negocio. Dicen que el neonazi es muy influyente entre los varones jóvenes. Esa fue una de las razones que Carlson alegó cuando justificó la presencia de Fuentes en su programa. En MAGA todos tratan de hallar un nicho donde seguir haciendo caja. Hasta la congresista Marjorie Taylor Greene, antaño trumpista radical, histriónica y conspiranoica, ha encontrado uno… convirtiéndose, quién lo iba a decir, en una persona moderada.

Tracking Pixel Contents