Opinión | Crónicas galantes
Chavales extremistas y abstemios
Los chavales españoles de instituto se han hecho más extremistas y moderados a la vez. Les gusta la ultraderecha, pero también beben, fuman y se drogan menos que nunca, según una encuesta del Ministerio de Sanidad. Es la generación más saludable de los últimos veinticinco años, constata alborozada la ministra del ramo.
Se ignora si hay alguna relación entre ese estilo de vida sano y las ideas algo enfermizas que, según los sondeos, atraen ahora a los jóvenes. Podría darnos alguna pista al respecto el caso del presidente George Bush, el Joven, bebedor arrepentido que no dudó en invadir Irak después de dejar la botella. Abandonar los vicios de la adolescencia tiene efectos secundarios a ciertas edades.
Esto ya lo hizo notar Ambrose Bierce, gringo viejo y sabio que definía al abstemio como una «persona de carácter débil que cede a la tentación de negarse un placer». Aunque no sea aconsejable bromear sobre estos asuntos.
Particularmente en el caso de los más jóvenes está acreditado por la ciencia que el consumo de alcohol y tabaco es un hábito muy perjudicial. Solo queda elogiar la sobriedad por la que han optado la mayoría de los rapaces de las nuevas generaciones.
Lo de que incurran a cambio en el extremismo de las ideas ya es cuestión distinta, probablemente no vinculada a su militancia en el bando de los abstemios.
Sabido es que la rebeldía frente al orden establecido caracteriza desde siempre a los jóvenes, con independencia del momento que les toque vivir. La mala fama de la juventud se remonta cuando menos a los tiempos de Sócrates, quien sostenía que los chavales de su época eran maleducados, despreciaban a la autoridad, le llevaban la contraria a sus padres y tiranizaban a sus maestros. Seguro que todo esto nos suena.
Otros cascarrabias como el mentado filósofo sostuvieron opiniones parecidas a lo largo de las siguientes generaciones. Nada de lo que extrañarse. Los viejos suelen envidiar a los jóvenes que ellos mismos fueron en su día.
Aun así, muchos mayores lamentan ahora que los chavales se estén inclinando hacia la derecha extrema. Y qué. Ya se dijo que las nuevas camadas tienden a oponerse al orden del momento; y en la actualidad el poder es de izquierdas. Lo natural es que le lleven la contraria, como de costumbre.
Si hace pocos años era Podemos el que se llevaba los votos de la juventud, ahora son Vox y Alvise los que acaparan la simpatía de los chavales. Sorprende, si acaso, que el extremismo en las ideas coincida con la templanza en el consumo de alcohol y estupefacientes.
Todo esto pasará, naturalmente, como pasaron los jóvenes airados de mediados del pasado siglo en Inglaterra o los revolucionarios de mayo del 68 en París. La diferencia está en que aquellos sí que le daban al frasco y al canuto. Extremistas y abstemios a la vez, un poco raros sí que son los nuevos insurgentes.
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