Opinión | Inventario de perplejidades
El gran negocio del armamento
El actual presidente de los Estados Unidos de América del Norte, el inefable Donald Trump, ha interpelado al jefe del Gobierno español sobre su negativa inicial a entregar el equivalente al 5% de nuestro Producto Interior Bruto para financiar a la OTAN, que es lo mismo que decir al Complejo Militar Industrial, como nos advirtió el general Eisenhower, en su despedida de la Casa Blanca tras ocho años de mandato presidencial. Según el laureado militar, que fue jefe de los ejércitos aliados en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, el mayor peligro para la democracia podría derivarse de la influencia de la industria que fabrica y vende armas sin hacer distingos entre sus clientes. En bastantes casos enfrentados entre sí. Llama, no obstante, la atención que el general norteamericano utilice el tono del hombre de la calle para hacer más asequible una opinión que choca con los intereses de las empresas de armamento norteamericanas, de las más importantes del mundo.
El general Eisenhower decía esto:
«Nuestro trabajo y los recursos y los medios de subsistencia son todo lo que tenemos; así es la estructura misma de nuestra sociedad. En los consejos de gobierno, debemos evitar la compra de influencias injustificadas, ya sea buscadas o no, por el complejo-militar industrial. Existe el riesgo de un desastroso desarrollo de un poder usurpado y se mantendrá. No debemos permitir nunca que el peso de esta conjunción ponga en peligro nuestras libertades o los procesos democráticos».
La conclusión (a la que cualquiera puede llegar) es que la industria del armamento necesita imperativamente la existencia de guerras para obtener sustanciosos beneficios. Así funciona el tinglado. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, tuvimos la guerra de Corea, la de Vietnam, la de Laos, la de Camboya, la de Irak contra Irán, la de la India contra Pakistán, la de Argelia, la de Cuba, la de Nicaragua, la de Afganistán, la de Portugal contra Mozambique y la de India contra Pakistán y Angola, las de Yugoslavia, que en realidad fueron cuatro, Serbia, Croacia, Bosnia y Herzegovina y la de Eslovenia, la de Egipto y otros países árabes contra Israel, contra Irak, y las más recientes y todavía en curso como la de Rusia contra Ucrania. Si la admonición de Eisenhower iba dirigida expresamente a la opinión pública de su país es perfectamente ampliable al resto del mundo.
PD: En España hay gente a la que no le gusta ver la foto del abrazo que en el año 1953 se dieron el general Eisenhower y el general Franco. Estiman que el sátrapa ferrolano alquiló a precio de ganga la privilegiada situación geoestratégica de España y a cambio le permitieron gobernar con mano de hierro hasta su muerte.
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