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Opinión | Shikamoo, construir en positivo

Dos Bernal y un recuerdo cariñoso

Les saludo en este 15 de noviembre, día de Alberto Magno, patrono de los estudiantes e investigadores de ciencias naturales. Y eso es porque este fraile dominico, obispo y polímata fallecía en Colonia tal día como hoy de 1280. Profesor de Tomás de Aquino, cultivó disciplinas como la filosofía, la química, la botánica o la geografía, y la impronta de su obra sigue muy presente en el conocimiento científico actual. ¿Sabían ustedes que, entre otras muchas contribuciones, descubrió el arsénico? ¿O que, ya por aquel tiempo, estableció argumentos sólidos y contundentes para explicar la forma cuasiesférica de La Tierra? La ingente obra de nuestro personaje de hoy, publicada de forma agregada inicialmente en 1629, fue recopilada en el año 1899 abarcando un total de treinta y ocho volúmenes. Desde la astronomía a la mineralogía, del derecho a la lógica, mucho de ello tiene cabida en los temas de su interés.

Pero Alberto Magno fue, sobre todo, un filósofo. Y, como tal, reflexionó sobre multitud de cuestiones relacionadas con el pensamiento y con la vida. Como sobre la amistad, por ejemplo, estableciendo una categorización de sus diversas tipologías, que bien nos servirían para ser aplicadas en la vida moderna: amistad basada en la utilidad, en un primer escalón más ligero, en el placer, en el segundo y, como tope de gama, aquella que está basada en la bondad sin reservas. La mejor, claro.

Ya hemos hablado muchas otras veces de este filósofo, con lo que una vez recordado en el día de hoy paso a contarles otra historia que tiene que ver con la amistad, pero también con el deporte. Con ese tipo de ejercicio no tan basado en la conquista de títulos o de honor, sino más ligado precisamente a la camaradería, a competir contra uno mismo para sacar las mejores sensaciones y sentimientos, disfrutando de ello. Les estoy hablando del deporte popular, que los dos protagonistas de esta columna supieron llevar a sus más altas cotas en nuestro entorno.

Me encontré con Julián Bernal hace muchos años ya, en las carreras populares. Su hijo Jesús contaba que, cuando el padre se quedó viudo, este tuvo que elegir cómo pasar el tiempo. O apostar por un modo de ocio más convencional, quizá echando la partida en un bar, o apuntarse a la actividad de correr con él. Y se decantó por esto último, con lo que no solamente el hijo, sino que él y el padre fueron desde entonces parte activa de la nómina de corredores en cualquiera de las pruebas a las que uno podía acudir, durante años. Al final, recuerdo que coincidimos en una de las clásicas, pienso que fue en Padrón y, muy poco tiempo después, Julián Bernal fallecería a los noventa y dos años. Prácticamente con las zapatillas puestas y la mirada en el asfalto, dando un ejemplo contundente de esfuerzo y voluntad.

Jesús siguió corriendo, y era raro no encontrárselo en las cada vez más numerosas citas deportivas, tanto en Galicia como en otras zonas de España. Algunos fuimos dejando de acudir a muchas de las carreras, bien por reorientar de otra manera la práctica deportiva, bien por lesiones o procesos crónicos o, más tarde, por el propio parón del covid-19. Pero Jesús siguió sumando kilómetros y encuentros, fotografías, podios y días bonitos con el deporte como lienzo… Un escenario que él contribuyó a humanizar y hacer más bonito.

Hasta hace bien poco... En una de sus últimos retos, los periódicos contaron que el conocido atleta popular sufrió una severa indisposición después de haber finalizado la carrera. Se dijo que entró en parada cardíaca y que, por suerte, pudo salir de ella merced a la rápida intervención de las personas y los equipos sanitarios. Pero algo no debió de ir bien desde entonces, porque el episodio terminó mal, un tiempo después, enterándonos todos del fallecimiento del deportista hace ahora unos días. Una noticia que provocó la reacción unánime de la enorme comunidad deportiva de las carreras populares, que resaltaron la simpatía de quien fue, no cabe duda, una de las caras más conocidas de nuestro deporte, desde hace muchos años ya. Como lo fue su padre, Julián. Y es que es difícil no acordarse de ellos en tantos arcos de salida o departiendo luego con corredores y corredoras de todas las edades y lugares.

A los dos Bernal, padre e hijo, nuestro eterno agradecimiento por tantos kilómetros y sonrisas.

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