Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | La pelota no se mancha

Yeremay, el genio, los mensajes y el reto

Yeremay besa el escudo

Yeremay besa el escudo / FF

Cuando Yeremay Hernández está juguetón se le nota. No hay que esperar nada. Dos chasquidos y las pistas son inequívocas. Si le tira el traje del partido, habrá fútbol, sí. Pero al genio ya va a ser más difícil encontrarlo, rastrearlo. Si, en cambio, nota la electricidad en ese primer contacto, esa complicidad con la pelota que solo tienen los elegidos, ese día puede pasar de todo. Solo hay que sentarse a esperar y a disfrutar. Suerte que tienen los deportivistas. Últimamente, es tan transparente con su fútbol como cada vez que se pone delante de un micrófono. Quien le defiende, quien escucha, está a merced de lo que inventa con el balón, del mensaje desnudo que piensa soltar. Es lo que tienen los jugadores diferentes, las personalidades directas. Crean lo inesperado, les sale de dentro, dominan la escena. Y es que Yeremay empezó la temporada tímido y lejos del que era. Él mismo lo reconoció y no se hundió el centro del campo de Riazor por verbalizarlo. Pero lleva ya unas semanas mandón, muy mandón, en Segunda. Está empezando a meterse la liga en el bolsillo.

Todo empezó con esas cadenas (propias, también impuestas) que se arrancó de cuajo en Zaragoza. Desencadenado y desatado. Hidalgo hizo terapia, le dijo que fuese libre, que dejase fluir su fútbol y ahí empezó a acercarse a su esencia. Partiendo desde la izquierda, claro. Él debe divertirse. Tiene que aflorar en cada partido ese niño de barrio, pegado a la pelota, que solo disfrutaba haciendo perrerías. Ese caño del gol de Quagliata es el mejor ejemplo. Efectista y efectivo. Siempre jugón.

El canario empieza a mandar en los partidos y ya se besa el escudo para explicar sus planes para el mes de enero

Aquel tanto al Almería fue un anticipo de lo que estaba por venir, pero formaba parte del Yeremay del principio de liga, del de los destellos, de ese que aún asoma de vez en cuando. Inconstante. Con el impás del partido ante la Cultural Leonesa, el canario empezó a construir una versión redonda de sí mismo, esa que gobierna los partidos y que le hará convertirse en un líder de verdad. Es incipiente, ya asoma a la vuelta de la esquina. El reto para él es ir más allá de unos highlights que se le caen de los bolsillos. Ser el futbolista que gana partidos, que los atraviesa, no que sale únicamente en las jugadas vistosas de la semana. Ser regular, definitivo, rotundo. Está en el camino, tampoco es sencillo. Ya vale 35 millones de euros, según las insistentes ofertas que llegaron el pasado verano al Deportivo. ¿Cuánto puede llegar a alcanzar una versión mejorada de un futbolista sin techo?

Es una cantidad de dinero apilada que daría vértigo a cualquier club de LaLiga, imposible de rechazar para casi todos en Segunda División. Ahora mismo, para el Dépor, ese montante es lo de menos. Yeremay es el futbolista sobre el que edificar una reconstrucción, pero sobre todo es el jugador que demuestra de qué pasta está hecho el proyecto, a qué aspira. Un cartel de neón que avisa de lo que está por venir. Así es el proyecto, así será el proyecto. Hasta él se quiere quedar en la categoría que no le corresponde. Un club grande, histórico y circunstancialmente en Segunda División, pero que quiere volver ya, con buenos cimientos y listo para aspirar a esa clase media-alta de LaLiga. Todo llegará. Solo hay que saber cuándo y, de momento, Yeremay es un mensaje. Ojalá ese desembarco en LaLiga sea con él en Riazor. Hacer el camino juntos, demostrar que ese lustro negro en el barro fue solo un tachón del que se aprendió, pero que ha quedado convenientemente borrado. Un club oxigenado, con el autoconocimiento suficiente para disfrutar de su historia y para saber en qué ha errado, pero también con el orgullo suficiente para seguir yendo de la mano hasta esa cúspide que ya conoce. Uno de nueve.

Y Yeremay también manda mensajes. Jugando, hablando, besándose el escudo, como hace dos días en Córdoba. Ante las ofertas y el ruido, fidelidad. Es tiempo de reconocerse como el futbolista importante que es, también como ese proyecto de jugador enorme que se da espacio para seguir creciendo. Toca decirle al resto de equipos cuáles son sus planes hasta el mes de junio: quedarse en A Coruña, ascender al Deportivo. Los gestos hay que acompañarlos de decisiones y él lleva tiempo haciéndolo, también porque el club puede sustentar la apuesta, la mano firme. No es como la clase media baja de la liga, deseosa u obligada a vender por cuatro pesetas. Esa determinación de todas las partes no evitará un mes de enero con sobresaltos. Al Sporting de Portugal se le da por descontado golpeando en la puerta, quemando el timbre. Como uno de esos adolescentes que pasa la noche previa en la cola del Coliseum. Llegarán más pretendientes, seguro que más golosos, y ahí es donde se verá la verdadera medida del pulso, si sigue adelante ese tiempo extra que se dan el Dépor y el jugador para cerrar el final feliz. De Primera RFEF a Primera División y hasta donde les lleve la historia.

Cabo suelto en la defensa

El Deportivo pasa a día de hoy por ser el mejor equipo de la liga a domicilio, el segundo más goleador y el sexto que menos tantos recibe. 13 tantos en 14 partidos, menos de uno por partido. El gran momento de Parreño redondea un entramado defensivo que a veces peca de defender en el área, pero que acaba apagando fuegos con cierto éxito, normalidad. Eso sí, da la sensación de que el equipo y la propia planificación tienen un cabo suelto en su retaguardia. La primera decisión que reconoce que no todo va bien es que el club coruñés saldrá a fichar un 2 en el mercado de enero. Este movimiento, que tiene el atenuante de la grave lesión de Ximo Navarro, pretende añadir competencia al costado y sacar de la baraja al Miguel Loureiro lateral. Es que lo necesita en el centro. Dani Barcia está inmerso en una etapa de dudas. Él debía comandar y dar seguridad, pero aún no está preparado. Arnau Comas también necesita más firmeza en sus prestaciones. El cambio al descanso es la muestra de inestabilidad de la posición más renovada el pasado verano. Son cuentas pendientes que tiene también un equipo líder, un grupo con materia prima, pero en construcción y lejos de ser redondo.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents