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Opinión | Shikamoo, construir en positivo

¡Música…!

Tengan ustedes un muy buen día. Hoy les saludo con esta columna, publicada en el día dedicado a la música y a los músicos, cuya escritura discurre para mí con un fondo de algunos fragmentos de El clave bien temperado, de Johann Sebastian Bach. Y es que cada 22 de noviembre se celebra la festividad de Santa Cecilia, a la que la tradición une a este ámbito de las artes. Por eso, si les parece bien, les invito a que se queden hoy a leerme. Les hablaré sobre tan maravillosa disciplina artística y, aunque sea solamente un poquito, de mi relación con ella… ¡Allá vamos!

El caso es que muchas veces pienso que uno de mis mayores errores del pasado, y hay muchos más, es el de no haber comenzado en el estudio sistemático en el ámbito musical desde pequeñito. Y estoy seguro de que en eso coincido con muchos y muchas de ustedes, porque a lo largo de los años me he ido encontrando con muchas personas con sensaciones parecidas. En mi caso, algo he intentado para paliar tal cosa, pero les aseguro que sin demasiados progresos. Y visto con mis ojos de hoy, que distan mucho de los que tenía en aquellos tiempos, me hubiese encantado tal posibilidad de aprender música en serio. Pero en ello, ya se sabe, o empiezas muy pronto o es difícil poder llegar a tener un nivel aceptable en ámbitos como el de la interpretación o la composición. Y es que la una y la otra implican caminos complejos, intrincados y de una exigencia tal que otro tipo de acercamiento más tardío se hace, generalmente, muy difícil.

Tal necesidad de una temprana iniciación implica que tengan que ser muchas veces tus mayores los que te animen o impulsen a acercarte a un conservatorio o, más en general, a una escuela especializada. O eso o el vivir en un contexto en el que, verdaderamente, la interpretación musical sea cercana para ti. Acudir a un colegio que imparta también estudios musicales, por ejemplo, o la cercanía física del domicilio familiar a instalaciones académicas relacionadas con la música. Con todo, en nuestro entorno la música sigue sin estar tan presente como en otros países europeos, tanto a nivel de disfrute como en el de la interpretación. Y eso a pesar de los avances y esfuerzos en las últimas décadas, con la puesta en marcha de orquestas de reconocido prestigio y con programas de promoción de la música que han marcado un antes y un después. Y no me refiero con ello solamente a la llamada música culta, correspondiente al clasicismo y a otras épocas, sino a muchos otros géneros abordados con cariño y profesionalidad, siempre fuera de los canales meramente comerciales asociados al gran consumo. No sé si la razón de ello es que sigue perviviendo en nuestra sociedad una cierta asociación de ideas entre determinados tipos de música y algo demasiado serio, o incluso aburrido. No es cierto. Hay tal cantidad de obras y autores, y tan diversos todos ellos, que no tienen sentido categorizaciones que expresen generalidades tales como «la música es así» o «la música es de aquella otra manera». Soy de los que piensan que para cada ser humano hay músicas que le colmarán de satisfacción, mientras que otras le pasarán más inadvertidas. Es cuestión de probar y perseverar, y tratar de recorrer un camino que, a mi juicio, siempre depara muchas sorpresas.

Recuerdo el caso, más de una vez, de alguna persona que insistía en que no le gustaba la música clásica, pero que se quedó estupefacta cuando descubrió que su banda sonora favorita o el fondo musical de un anuncio que le impactaba no eran más que arreglos o versiones de obras cuyos autores pasaron a mejor vida hace trescientos o cuatrocientos años, o a veces directamente la propia partitura original. La música tiene la capacidad de evocarlo casi todo y, lo vivamos más de cerca o con mayor distancia, mucho de lo que hoy oímos, sea lo que sea, está impregnado del eco de las armonías creadas por Bach, Mahler, Mozart, o muchos más...

Hablar de música en España es difícil sin hacerlo de Radio Clásica, que estos días conmemora su sesenta aniversario y que nació, precisamente, en un día de Santa Cecilia. No sé si siguen mucho ustedes o no a este completo conjunto de propuestas en materia musical. Si no es así, y me permiten un consejo de aficionado, háganlo. Podrán llegar a pasarlo en grande escuchando, participando y… soñando. Y es que a mí, enamorado de la radio como canal, y de la música también, el aunar las dos literalmente me fascina. Supongo que es por eso que, a veces como fondo y otras como foco principal, dedico a la misma varias horas diarias.

¡Feliz día de la música y de los músicos! Porque, ¿qué sería de nosotros sin la música y sin las y los que la hacen posible? No lo sé, pero seguro que un mundo así sí que sería mucho más gris y aburrido…

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