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Opinión | LA PELOTA NO SE MANCHA

El Deportivo y la virtud o el síntoma de ganar a medio gas

Villares ante el Ceuta

Villares ante el Ceuta / Carlos Pardellas

El Deportivo, quizás como virtud o como defecto, lleva semanas dando la sensación de que gana a medio gas. No hay excesiva verticalidad sin espacios, tampoco excesivo dominio de la escena, ni excesivo disfrute en cada uno de esos duelos. No es un equipo ni un proyecto redondos, aunque al menos le pilla esa inestabilidad ganando por decreto. Cualquiera lo firmaría. Se siente, eso sí, con cierta seguridad, firmeza, merced a esas cuatro victorias, a pesar de esos últimos minutos ante el Ceuta. No se libra de alguna de esas fases de sufrimiento. No hay rotundidad. De momento, más kilómetros que fútbol en sus piernas. Han sido infinitos los equipos en los que han llegado antes las victorias que el juego, el funcionamiento colectivo. Le está tardando, aunque es algo que también hay que exigirle, porque es invertir en salud futbolística de cara al futuro, cuando no llegue con la pegada, con cerrar filas, cuando haya que enfrentar a conjuntos como Almería, Las Palmas... Espera y espera el Dépor a hacer clic como grupo y ni siquiera es capaz aún de defender con la pelota en Riazor ante un conjunto como el Ceuta, un recién ascendido, perfectamente trabajado. Su historia, su estadio, su gente y su proyecto merecen otra valentía. ¿Pero quién discute con 29 puntos en su casillero? El fútbol es más que matemáticas y Riazor no se siente del todo seguro, aunque tampoco luce enfado. Sabe que no es para rasgarse las vestiduras, sí para estar alerta. Orejas tiesas para todos, también retrovisor para ver a los rivales.

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