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Opinión

¿Religión romantizada?

¿Lux, de Rosalía, romantiza la religión? Es la pregunta que me hicieron en Instagram. Antes de entrar en detalles, recuerdo que la cantante ya ha explicado que su nuevo álbum no tiene que ver con una única religión. Entre las santas o místicas que cita no hay solo católicas. Es más politeísta. En El País contó que le "atrae la idea de posreligión, de que puede haber una forma más inclusiva y abierta de entender la fe y la espiritualidad".

Pero al lío. Me parece que hay una confusión entre espiritualidad o misticismo, que es sobre lo que ha escrito Rosalía, y la religión en sí. La espiritualidad o el misticismo son más personales. Buscan una conexión directa con lo divino o el universo o la naturaleza, sin necesidad de intermediarios. ¿Cómo? A través de la meditación, la contemplación, el arte o el silencio. No hay reglas, no hay una comunidad.

Un paso más sería el misticismo, cuando ya hay una experiencia directa con lo que se considera divino. Y en ese contexto están las santas en las que Rosalía se ha inspirado.

La religión, en cambio, tiene un enfoque más colectivo e institucional. Hay un marco de creencias, normas, rituales e incluso de autoridad. Incluye ceremonias, escrituras sagradas, además de jerarquías o comunidades en iglesias, templos o mezquitas… Es decir, hay una doctrina que debe ser aceptada por sus miembros. Para la conexión con lo divino ya aparecen intermediarios, como sacerdotes. La religión busca la transmisión colectiva de la experiencia espiritual pero de manera organizada. Y en el álbum de Rosalía no hay nada de eso.

Con sinceridad, hay otras cuestiones más preocupantes a la hora de ser dulcificadas o romantizadas. Por ejemplo, la vida de las tradwives. O, también, el lavado de imagen de la ultraderecha. Recuerdo que Vox no estuvo muy eufórico durante el mandato del papa Francisco. Porque para ellos es comunismo tanto el salario mínimo como proclamar apoyo a los inmigrantes, como pedía el pontífice. Quizás hay que ser prudente con la brocha gorda. Porque se puede denunciar con contundencia el papel de la Iglesia católica en las dictaduras, en los bebés robados, en el Patronato de la Mujer, en los casos de pederastia o el Opus Dei; y, a la misma vez, no ocultar y sí reconocer a las voces que, contra todo eso, están dentro de esa Iglesia. Recordar desde monjas o curas fusilados por franquistas, hasta papas como Francisco, calificado de masón, rojo y odiado por la ultraderecha. Y si no, busquen aquella investigación donde se pedía en redes ultras quitarlo de en medio.

El tema no va de la religión, así, en abstracto. El tema va del enfoque y del uso de esa religión para intereses económicos o sociales.

Me preocupa, más que la fe de cada persona, o la búsqueda de la espiritualidad de Rosalía o de quien sea, cómo podemos llegar a poner en el poder de un Congreso a grupos en contra de los derechos humanos. Sobre todo de las mujeres.

Y la duda se resuelve con otra pregunta: ¿A quién votas? Pero sobre ello, por lo que sea, hay menos debate y escándalo.

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