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Opinión

Aprendemos deprisa

Una mujer, ante la pantalla de un televisor.

Una mujer, ante la pantalla de un televisor. / Shutterstock

La gente ve menos la tele porque vive en ella. Nos emocionamos como en los platós, discutimos como en los platós, lloramos como en los platós, reímos como en los platós y aplaudimos como en los platós. La vida ha devenido un programa de entretenimiento. De joven, cuando robaba novelas en las librerías, solía decirle a mi cómplice:

-Tú entretén al dependiente.

Significa que el entretenimiento sirve fundamentalmente para robar. Para que nos roben. La industria del entretenimiento es la industria del robo. Mientras intentamos salir adelante con las mañas aprendidas en los concursos de talentos de la tele, nos suben el precio de los pisos, nos bajan los salarios y nos birlan la mitad las horas extras trabajadas. La gente quiere ser cantante porque en los programas de TV no hay modelos de ingenieros ni de médicos ni de poetas. Los jóvenes quieren ser influencers porque en la escuela ya les han dicho que no llegarán a nada a menos que se dediquen a las naderías. La tele es pura nadería desde que te levantas hasta que te acuestas. Te fríe el cerebro, pero genera realidad, que es de lo que se trata.

¿Y la venganza? ¿Dónde está la venganza? ¿Cómo se resarce uno de llevar una vida alienada, es decir, una vida puesta al servicio de un Alien que lo mismo puede ser el dueño de Amazon que el de Zara (quizá el de Mercadona)? Difícil, difícil, porque lo primero que hace falta para vengarse es tener conciencia de la enajenación, un género este, el de la conciencia de la enajenación, que se trabaja poco en los programas de sobremesa, pensados para que tomes partido bien a favor del Real Madrid o del Atleti, bien a favor del PSOE o del PP. Que se te vaya toda la bilis por ahí y que la sueltes no haciendo la revolución, sino peleándote con tu cuñado en la comida del domingo como se pelean los analistas en las tertulias de la tele.

Se queda uno como un guante (no sé por qué “como un guante”, pero es lo que se suele decir, cuando sale uno de casa de su hermana dando un portazo porque resulta que su hermana es una reaccionaria o una roja, o quizá una madridista irredimible). Aprendemos tan deprisa que ya somos capaces de producir nuestros propios programas de entretenimiento. Por cierto, me acabo de enterar de que Nadal es marqués. Enhorabuena.

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