Opinión | Crónicas galantes
Jueces, políticos y forofos
Jueces y políticos dominan inesperadamente la escena española en este que antaño fue un país de curas y militares. Lo que no ha cambiado es la actitud de hinchas futboleros que caracteriza a los seguidores de unos y otros.
Las decisiones de la judicatura son celebradas —o lamentadas— por los políticos y sus parroquias de forofos en términos estrictamente futbolísticos. Si el veredicto les es favorable, comparecen de inmediato para cantar el gol al rival; y cuando les perjudica se quejan de que el árbitro estaba comprado.
Hasta se da por hecho que los jueces tienen querencia por determinados partidos, del mismo modo que a algunos árbitros del balompié se les atribuye un cariño especial a ciertos equipos.
Tal vez no falten motivos. Se habla con soltura de magistrados conservadores y progresistas, que a menudo dan la razón a quienes así los califican. El reciente fallo del Supremo sobre el fiscal general del Estado terminó con un resultado de 5-2 que parece un tanteo de fútbol. Y aún podría jugarse una prórroga en el Constitucional.
Solo falta la aplicación del VAR a los juzgados para que la analogía sea completa; aunque en realidad ya existe. Las sentencias pueden ser recurridas a otros tribunales para la pertinente revisión de la jugada, con la esperanza de que un nuevo árbitro enmiende el resultado.
No es buena noticia para el gremio. Cuando un estamento gana notoriedad entre el público, ahí suele haber un problema. El Ejército lo era allá por los tiempos de la Transición, época en la que cualquier ciudadano podía recitar de corrido los nombres de los generales con mando en plaza. También lo fue la Iglesia durante los años en los que obispos y cardenales eran casi tan famosos como los astros del balompié.
Lo mismo puede decirse ahora de los políticos, más seguidos que nunca por sus respectivas hinchadas. El mejor gobernante —o el que menos da la lata— suele ser el más anónimo. Nadie conoce, un suponer, el nombre del presidente rotatorio de Suiza, confederación famosa por su tranquilidad, sus vacas felices y la riada de billetes que corre bajo sus verdes prados. Pocos serán, sin embargo, los que no tengan noticia de Putin, de Trump, de Milei o de Maduro, por citar algunos ejemplos a bote pronto.
El caso es que se ve con normalidad que los jueces comenten sentencias a diario en las tertulias de la tele: y que los políticos usen el Congreso como un plató de Sálvame. Es el síntoma de que tenemos un problema, agravado por los hooligans de los partidos a quienes parece irles la vida en cada fallo judicial.
Será que la imposible vivienda o los flacos sueldos son asuntos de suyo aburridos que no atraen tanto al personal. Vivimos en un foro de forofos.
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