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Opinión | EDITORIAL

Incertidumbre sobre Riazor y el Mundial

Proyección del Nuevo Riazor para el Mundial de 2030

Proyección del Nuevo Riazor para el Mundial de 2030 / LOC

Mientras el buen momento de forma y los excelentes resultados de la selección española masculina de fútbol alimentan el sueño de repetir victoria en el Mundial del próximo verano y de añadir una estrella simbólica en la pechera de la camiseta de La Roja, continúa la carrera por convertirse en sede del siguiente torneo, que se celebrará en 2030 en España, Portugal y Marruecos, que comparten la organización del evento, de forma análoga al próximo verano, cuando será el turno de México, Canadá y Estados Unidos.

A Coruña aspira a ser una de las 19 sedes elegidas, pero el tiempo apremia y en otoño del año que viene deberá rendir cuentas ante la FIFA sobre el ritmo de las obras necesarias para adaptase a las exigencias de quienes tutelan el fútbol mundial. La ciudad va tarde, pues es necesaria una reforma del estadio municipal de Riazor que en principio iba a suponer un aforo de 48.000 espectadores con un tercer anillo de gradas, si bien después se rebajó la cifra a 42.000, optando por un modelo de gradas móviles similares a las utilizadas en estadios de Canadá.

Esta fórmula evitaría alcanzar una obra de dimensiones muy superiores a las necesidades cotidianas del Dépor, el principal usuario de las instalaciones municipales, y con el que el Concello mantiene unas relaciones tirantes a propósito precisamente del disfrute del estadio, un símbolo de la ciudad y que requiere de una entente cordiale por parte de ambas partes en beneficio de la colectividad, el impulso deportivo del club y el buen ambiente institucional, si bien el equipo de fútbol es una entidad privada y el Concello, una administración que nos representa a todos.

El proyecto inversor para acometer la reforma de Riazor sigue siendo un misterio a día de hoy. En su día, el Ayuntamiento estimó el presupuesto de la obra en 100 millones de euros afrontado en un 70% por las administraciones y un 30% por un inversor privado del que a menos de un año para un examen de la FIFA nada se sabe. Tampoco se conoce con claridad qué dinero aportarían Concello, Xunta y Diputación, pues el Gobierno central ha dado la espalda al proyecto. Aun así, sostiene que el plan pasaría por empezar las obras a finales del año próximo para que estuvieran listas en tres años.

Málaga ha sido la primera en retirarse de esta carrera, a la que aspiran otras sedes como Vigo (estadio de Balaídos), Sevilla (con el estadio bético) o Valencia (Mestalla), alegando los problemas que causaría la reforma del estadio de La Rosaleda.

Albergar partidos de un Mundial de fútbol constituye siempre un sueño para cualquier aficionado a este deporte y una oportunidad de promoción turística para la ciudad, pero urge aclarar el proyecto y que todas las partes implicadas y afectadas decidan, para facilitar la consecución del objetivo, remar en la misma dirección, asumiendo inconvenientes causados y el riesgo de que el retorno económico no sea el esperado.

Para ello, resulta imprescindible conocer al detalle el proyecto de reforma porque resta menos de un año para que la FIFA realice su primer examen y de momento existen más incertidumbres que certezas. Las dudas radican en cuánta capacidad tendría Riazor, cuándo comenzarían y acabarían las obras con seguridad, qué consecuencias tendrían para el Dépor y los aficionados abonados que disponen de asiento fijo, qué coste supondría para las arcas públicas, cómo se mejoraría la zona al hilo de la inversión...

El aforo también resulta clave para disponer de mayores focos en el gran evento futbolístico mundial. El plan de superar las 40.000 butacas pretende ajustarse a las exigencias mínimas de la FIFA para acoger encuentros de la fase de grupos (entre cuatro y seis) y uno correspondiente a los octavos de final. O ese era el plan inicial.

La ciudad desea albergar de nuevo un Mundial casi medio siglo después de España 82, pero el tiempo apremia para lograr poner en marcha unas obras que deberían explicarse cuanto antes y consensuarse entre todos los actores políticos, institucionales y sociales de la ciudad para facilitar su logro.

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