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Opinión | La pelota no se mancha

David Mella y Mario Soriano, en las sombras

Mella y Soriano, en las sombras

Mella y Soriano, en las sombras

Los golpetazos de Zakaria Eddahchouri y las chispas de genialidad y exuberancia de Yeremay eclipsan una buena parte de ese todo arrollador que es el Deportivo. Cinco victorias seguidas, portería blindada. Es de esos equipos que pasa la llave y que, al llamar a la puerta, pide perdón antes que permiso. Solo así gana por sistema y tiene reducida, de momento, la pujanza del Racing de Santander o de Las Palmas. El canario brilla como epicentro ofensivo y el holandés es un exterminador cuando tiene una pelota en posición de remate. Pero hay más, mucho más. Y no hay que irse muy lejos para encontrarlo. A David Mella y a Mario Soriano les está tocando vivir a la sombra, en un segundo plano en este arranque de Segunda División, pero les está sentando más que bien en una temporada de un crecimiento asimilado, digestivo.

El control orientado y la arrancada de David Mella en el primer gol de Albacete es como hacerle un escáner al fútbol del zurdo de Espasande. Se ve todo lo que hay, todo lo que es. Fundamentos, potencia, presión en el pase a banda. Le ha tocado hace nada volver a catar el banquillo, de manera extemporánea, y acular su posición a la zona del carrilero. Y él sigue a lo suyo, a adaptarse a las circunstancias, a crecer, a reclamar su sitio, su espacio y su importancia. Todo sin regatear un esfuerzo defensivo, una corrección de esas que no salen en los resúmenes, pero que valen tanto como un gol o una asistencia. Claro que debe mejorar en la toma de decisiones, en la finura de algunos pases, pero es sin duda mejor futbolista que cuando empezó esta Liga y eso lo pueden decir pocos en este equipo. Se fue al Mundial sub 20 de Chile, le ficharon competencia directa y pueden llegar más rivales por un puesto. Nada le impide seguir adelante ahora que asoma esa década de permanencia en Abegondo, el producto más genuino de la cantera del Deportivo, junto a Dani Barcia.

Hidalgo hizo un elogio certero del inglés y dio en el clavo, pero debe acompañar ese paso al frente de consistencia

Mario Soriano ha tenido también que irse a ese lado oscuro futbolístico y emocional. Hace tres años, antes de la irrupción imparable de Yeremay y Mella y de que se fuese cedido una temporada al Eibar, no había nadie que gustase más a las generaciones jóvenes de Riazor que el madrileño. Su juego entrelíneas, sus goles, esa juventud que hacía no adivinarle techo. Fresco. Era un cóctel irresistible y lo sigue siendo, pero ahora hay más encima de la mesa y que sientan muy bien al paladar. Las atenciones se desvían y se reparten. Mejor para el proyecto del Deportivo.

Pero eso no quiere decir que Mario Soriano no sea imprescindible en este equipo. Lo es como el que más. Tiene esa difícil labor de conectar el juego defensa-ataque, en un primer escalón o más cerca del área. En muchos momentos ha sido una especie de piedra Rosetta para descifrar los males del ataque coruñés, más sin ese 8, sin ese Riki que tanto tiempo lleva el club anhelando. Ni siquiera Hidalgo se resistió esta temporada a esa tentación en la que han caído todos los entrenadores de la era moderna del Deportivo, la de acercarle a la base de la jugada. Ahora ya ha vuelto a los orígenes de esta campaña, a su idea primigenia, y lo ha situado un escalón por encima, más próximo al área contraria, donde realmente hace más daño, donde marca la diferencia con esa mezcla de fútbol y pegada. Juega por dentro, se gira en zonas pobladas y busca esa clarividencia en lugares donde se suele nublar. Lleva tres goles y tres asistencias, el equilibrio. Su pase a Stoichkov en el primer tanto del Carlos Belmonte está a la altura de los elegidos. Y él, aunque ahora le deslumbren un poco menos los focos, es capital en el ecosistema de este proyecto, es el hiperconector del juego de ataque de los blanquiazules.

La música de Barcia y Patiño

Ver cantar a Dani Barcia en la zona mixta una de las esas bandas sonoras de las victorias del Deportivo es quizás uno de los mayores síntomas de normalidad y naturalidad. Está feliz, canta, todo el deportivismo entona. Es un desparpajo que fue acompañado minutos más tarde de una confesión. Escueta, directa, reveladora. «Cada uno debe aceptar su rol», dijo el canterano, sin que se le quitase del todo la sonrisa de la cara. Acababa de jugar su segundo partido seguido y era partícipe de una racha que hace soñar al Deportivo. Cualquiera echaría la mente a volar con un ascenso y más él, que casi no ha conocido otro equipo en su vida. Eso no significa que el estatus que tiene en pase ahora mismo por su mejor momento. La lesión de Noubi y la debilidad de Comas hace una semana le devolvieron al verde, pero su presencia pende de un hilo cuando esta temporada arrancó el curso como central en el puesto, como eje de la demarcación. La planificación así lo decía, la planificación sigue dándole espacio para volver a ganarse esa consideración. Lucha contra él mismo, contra esa inconsistencia que a veces le ha acompañado. De manera justa o injusta, pero así es, así ha sido. Un balón mal jugado, no asegurar la disputa, no mantener la tensión. Es parte de la pelea que ha tenido siempre consigo mismo y que ahora se le vuelve a presentar. Proceso. Él es consciente, aunque esa pugna interna no le impida disfrutar del momento. Si no cantas cuando tu equipo no para de ganar...

De él dijo Óscar Cano que tenía música en los pies. Pero con el entrenador nazarí los elogios no eran sinónimo de titularidades. Es muy probable que, si por entonces hubiese tenido a Charlie Patiño a sus órdenes, habría dicho algo muy parecido de él. Hidalgo fue más certero en su análisis del inglés: «Limpia siempre la jugada». No tendrá los mismo fuegos artificiales que la sentencia del ahora entrenador del Zamora, pero radiografía con más precisión a 6 que en Albacete hizo de 8 y que es cierto que se reivindicó en el Belmonte. Mezcló esa capacidad única para aclarar la jugada con un par de pérdidas en zonas sensibles y algunas acciones en las que le costó retener la pelota de espaldas o hacer más vertical el juego. No deja de ser un paso al frente para él. Se le sigue esperando, pero es, en parte, muy tenue, como todos esos avances del ex del Arsenal. También le pasa a Dani Barcia. Son sus peleas diarias.

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