Opinión | Shikamoo, construir en positivo
¿Es usted un esclavo?
Se les saluda en un nuevo día que, aunque a alguna persona se le pueda antojar feo, quizá por lluvioso o por frío, no deja de ser un gran motivo de alegría. Al fin y al cabo, esto de estar vivo tiene fecha de caducidad, y el mero hecho de volver a encontrarnos por aquí, razonablemente bien y sin enormes daños aparentes, ya es en sí fantástico. Y es que vivir, queridos y queridas, es una actividad de riesgo. Tanto, que al final nunca es sostenible más allá de unas décadas. Les propongo, pues, que celebremos este 3 de diciembre como lo que es, desde la sencillez y el sosiego: una nueva jornada para celebrar esto de estar muy vivos, cada cual a su manera y sin que hagan falta siquiera palabras...
Hoy empiezo fuerte, con una pregunta que les dirijo directamente y a bocajarro. Algo así como un verdadero puñetazo amable pero firme al plexo solar, que busca romper con la apatía y con algunas equidistancias que, a la postre, a veces esconden algo de indiferencia. Lo que les preguntaré es si se sienten ustedes esclavos. Y no me refiero a tal término en un sentido figurado, sino en su más estricta literalidad.
Me alegraré si me dicen que no. Pero más de uno aducirá, además, que tal pregunta no tiene sentido en el tiempo que nos toca vivir… ¡Pues vaya si lo tiene! La esclavitud sigue existiendo en múltiples variedades, pero siempre tocada por un mismo sesgo de dominación y aprovechamiento del otro, más o menos como en aquellos tiempos en que era una realidad con carta de naturaleza y plena vigencia legal, aunque parezca que desde aquello haya llovido mucho ya.
Hablar sobre esclavitud en un día como hoy es pertinente, porque ayer —cuando escribí estas líneas— Naciones Unidas dedicaba la jornada a la abolición de tal lacra, en un día internacional que hunde sus raíces hace muchos años ya. Pero fíjense, con plena vigencia, porque según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo tanto la actividad laboral forzada como el matrimonio forzado —principales flagelos de la esclavitud de hoy— han aumentado considerablemente en los últimos cinco años. Tomen nota: en el año 2021 había diez millones de personas más en situación de esclavitud que en 2016. Y la tendencia hoy continúa… O, ¿acaso pensaban ustedes que las cosas se resuelven de otra manera en los avisperos de la Humanidad donde los intereses económicos privados pesan mucho más que las condiciones de vida de las personas? Pues no, y eso se nota —como digo— en la enorme cantidad de personas que siguen hoy siendo de alguna manera esclavas, lejos de nuestra realidad personal.
Y en esto, como en todo, los que lo pagan son los más vulnerables. Y, entre ellos, los más jóvenes. Ellos son más que nadie víctima de situaciones de explotación de las que muy difícilmente se puede escapar. Unos cincuenta millones de personas —tantos como habitantes tiene España— están sometidos a la moderna esclavitud. De ellas, 28 millones son sometidas a trabajos forzados y casi una de cada ocho de ellas son niños y, sobre todo y de forma abrumadora, niñas. Una realidad lacerante en la que más de la mitad son explotados sexualmente por terceros. Terrorífico, ¿no?
Tomen nota: 236.000 millones de dólares es el beneficio mundial generado anualmente desde el trabajo forzado. Implica el dinero que habría que haber pagado a quien ejecuta una actividad de forma obligada y sin ser remunerado por ello. Y todo ello, claro está, con consecuencias devastadoras para la salud, la estabilidad emocional, la situación económica y la posibilidad de mejora para sus víctimas. Pero en toda esta ecuación hay también ganadores claros, casi siempre vinculados al sector privado y generalmente en ciertos nichos específicos de mercado y actividad. En tiempos conocí mucho más en detalle algunas malas prácticas en el sector textil o en el de las industrias extractivas, por ejemplo, pero ahora estoy más desvinculado de ello. Aún así, déjenme que imagine que es en esos ámbitos donde siguen produciéndose muchos de esos desmanes, que a todos nos deberían avergonzar y movilizar. Porque, no lo duden, lo que ocurre en algún lugar perdido del globo está conectado, de alguna forma, con nosotros mismos… Les sorprendería la intrahistoria posible de algunos de los productos más aparentemente inocentes que se pueden comprar en nuestras calles…
Ojalá exista algún día la voluntad global, al más alto nivel, para erradicar completamente la esclavitud. Hay mecanismos, herramientas y posibilidades… Lo que hace falta es querer y eso, en democracia, está ligado con cada una de las voluntades individuales de las personas… Sí, de tipos como usted y como yo, por insignificantes que a veces pensemos que somos...
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