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Opinión | Shikamoo, construir en positivo

De aquella tienda a toda vuestra magia

Hace unos días tuvo lugar en la ciudad un pequeño encuentro, sencillo y a la vez bonito. Fue en la Estrecha de San Andrés, y la idea era celebrar los veinticinco años desde la puesta en marcha de la tienda de lo que hoy es Oxfam Intermón. Y es que fue en el año 2000 cuando se inició tal actividad por parte del grupo de voluntariado en la ciudad, después de coger el traspaso y firmar un contrato de alquiler en el bajo de la que había sido, hasta entonces, la Librería Rafael. ¿Se acuerdan? Ahí comenzó todo…

La tienda se abrió como parte de una estrategia de apertura de otras cinco más en el conjunto de Galicia, León y Asturias. Nunca con el objetivo de ganar dinero, sino con otras miras. Por una parte, darle salida a la entusiasmada producción de multitud de cooperativas y otros emprendimientos sociales en África, América y Asia, que fabricaban en madera, cerámica, tela, metales u otros materiales y, de tal forma, aseguraban unos ingresos que, en muchos casos, significaban literalmente vida. Y, por otra, proponer un ejemplo de relaciones económicas más justas, con una distribución de la riqueza entre los diversos eslabones de la cadena de valor mucho más basada en criterios sociales. La propuesta de la tienda se completaba con una amplia gama de productos alimenticios de alta calidad preparados por la organización, basados en productos como el café o el cacao, entre otros, también provenientes de cooperativas y proyectos de desarrollo en buena parte del mundo. Productos generalmente ecológicos y sostenibles, que aunaban a tales características las de provenir de circuitos de comercio justo, que por aquel entonces la organización promovía ya con gran intensidad.

En el conjunto de España, Intermón llegó a tener muchas tiendas más, con algunas de ellas en las principales arterias comerciales en las urbes más populosas. Si a eso sumamos otras actividades de venta y promoción, dirigidas a canales como las empresas o las asociaciones, se darán cuenta ustedes de que el conjunto de la propuesta era vanguardista, atrevida y no exenta de riesgo. Pero salió muy bien, y no porque la organización tuviese unos resultados espectaculares o tan siquiera medianos, pero la idea permitió no cejar en el empeño de explicar que un comercio que incorpore una fuerte carga de valores es netamente posible, siempre dentro del paradigma de que una sociedad más inclusiva y en el que la riqueza generada se reparte más equitativamente es siempre más sostenible. Y, en eso, creo que se hizo una gran labor, que por cierto hoy sigue muy viva.

Y es que, veinticinco años después la tienda de Coruña sigue abierta. Ya no existen como tales las Sedes Territoriales de Intermón, y entre ellas tampoco la de Galicia, León y Asturias, en la que tuve la suerte y el honor de trabajar durante catorce años como Director. Pero la actividad continúa de la mano de un grupo de personas voluntarias, muchas de las cuales llevan aportando altruista y desinteresadamente su importante colaboración desde aquellos tiempos a los que me refiero. La organización es hoy más global, más virtual, más en línea y más flexible, aunque yo soy de los que echan de menos su fuerte implantación en el territorio en aquellos tiempos, en los que la actividad y la presencia pública eran constantes en nuestras ciudades y pueblos, así como en los medios de comunicación. Lo que en aquel momento se llamaba «Intermón, miembro de Oxfam Internacional» es hoy «Oxfam Intermón», y no cabe duda de que sigue resultando un formidable contrapunto a la tendencia imparable de que todo sea solamente por y para el dinero. Oxfam, en cuyos equipos en terreno tuve también la suerte de contribuir como Director de País y como miembro del equipo de país de forma conjunta con otros afiliados de diferentes naciones, tiene mucho que aportar a la sociedad global, ya en los albores del segundo cuarto del siglo XXI.

Y, ¿saben?, el otro día me invitaron los compañeros y compañeras a improvisar unas breves palabras. Y lo que dije es que siempre había tenido muy claro que, aunque yo hubiese figurado como responsable de la organización en el área territorial de referencia, siempre había sabido que los verdaderos artífices de todo lo que hacíamos eran las personas voluntarias. Lo expresaba ya antes claramente y ahora, en que ya no trabajo en la organización, uniéndome al tercer sector actualmente tan solo alguna experiencia de voluntariado, sigo teniendo aún una más firme convicción de que son las personas que donan su tiempo, muchas veces anónimas a ojos del gran público, las que hacen posible desempeños verdaderamente mágicos, legitimando aún más un mensaje apasionante y complejo. Ellos y ellas son los que conectan la misión del tercer sector con el ejercicio de una ciudadanía global, implicada y proactiva que da sentido a la acción social e incluso a la propia praxis democrática.

Quería contarles esto, amigos y amigas, en estas líneas escritas ayer, día 5 de diciembre, Día Internacional del Voluntariado. Y todo ello pensando en tantas y tantas personas de Intermón y de tantas organizaciones que he tenido la inmensa suerte de conocer, con las que he podido compartir alegrías, disgustos y, sobre todo, muchas horas de trabajo. A los compañeros y compañeras de la Plataforma Coruñesa del Voluntariado, de la Coordinadora Galega de ONGDs, del Consello Galego de Cooperación ao Desenvolvemento, de la Coordinadora Española de ONGDs, de otras tiendas y movimientos de comercio justo y a tantos amigos y amigas en los que pienso ahora, ¡gracias, gracias, gracias! ¡Gracias, por tanto!

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