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Opinión

La probabilidad de una denuncia falsa

La probabilidad de sufrir una denuncia falsa por violencia de género es tan baja (0,001%) que, antes de que ocurra, es estadísticamente más probable que te toque un premio de la Lotería de Navidad, que tengas un accidente de tráfico o uno doméstico, que sufras fraude digital o que tengas un infarto o un cáncer a lo largo de tu vida. Es más, para que seas víctima de ello antes, sí o sí, has tenido que ser denunciado. Las cifras hablan por sí solas, pero el miedo a la denuncia falsa ocupa un espacio desproporcionado en la conversación pública.

No hablamos de un problema masivo. Sin embargo, en redes y en tertulias, la percepción va por otro lado. Porque a este negacionismo, al que no le valen las cifras oficiales, para prosperar en su negocio debe basarse no en hechos, sino en suposiciones. Y sorprende su silencio sobre otras realidades mencionadas por el Consejo General del Poder Judicial, como las denuncias cruzadas.

Sorprende que los de la bandera de la denuncia falsa no hagan ni una sola referencia a otras cifras de esta semana, la de la Macroencuesta de Violencia sobre la Mujer, del Ministerio de Igualdad. Si siendo las denuncias falsas un 0,0084% de 2009 a 2023, y con ese porcentaje montan este tinglado, ¿qué harían si fuesen mujeres y tuviesen un 60% de probabilidades de sufrir violencia psicológica, un 40% de violencia digital o un 24% de violencia física? Dicho de otra manera, por ejemplo, el número de mujeres afectadas por violencia psicológica es 704.667 veces mayor que el número de hombres afectados por denuncia falsa. O mientras todas las mujeres asesinadas podrían ocupar siete aviones Airbus 320, al número de hombres acusados de denuncia falsa les sobraría con uno.

Es solo visualizar y dimensionar un problema con datos para no crear olas de pánico. Cuando las que deberíamos clamar al cielo con las cifras de violencia somos las mujeres que, en cambio, tienden la mano para avanzar. El caso es que estos días entras en los foros de la manosfera y descubres que lo de la denuncia falsa es selectivo. Leemos unos relatos tan horrendos y repugnantes como el caso de Salazar con el PSOE y, de pronto, en estos foros desaparece la idea de la denuncia falsa. Una demostración más de la carga ideológica de este movimiento.

Reconocer esta desproporción no resta gravedad a las denuncias falsas cuando ocurren. Reconocer su frecuencia real no puede usarse para cuestionar un sistema que protege a víctimas reales, cuya existencia sí es masiva y documentada.

Eso sí. Este análisis desproporcionado no surge por casualidad. Se alimenta porque resulta útil: convierte un fenómeno reducido, que existe en cualquier delito al que nadie presta atención, en un arma política y cultural. Se repite hasta que parezca verdad, aunque los datos digan lo contrario. Pero las políticas públicas no pueden construirse en función de temores inflados, sino de realidades contrastables. Si no asumimos esto, acabamos protegiendo fantasmas mientras dejamos desatendidas a las víctimas reales.

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