Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Shikamoo, construir en positivo

Y llega la Navidad...

Tengan un buen día. Ya saben que no me resisto a hacer frecuentes apuntes sobre la rapidez con la que todo llega y, por ende, también con la que todo se va. Y no quiero cansarles con ello, pero muchas veces me parece que no somos verdaderamente conscientes de lo efímero que es todo lo que nos rodea... Los días, las semanas, los años... se van concatenando y pasando de ser presente a pasado primero, y luego a pluscuamperfecto, antes de que lo podamos asumir. No sé, quizá vivamos demasiado rápido, incluso los que -conscientemente de ello- intentamos cuidar precisamente esa faceta con el objetivo de encontrar un mayor nivel de sosiego... Sí, quizá sea bueno tomar más aliento de vez en cuando... y parar...

Sin embargo la tendencia de lo que nos rodea parece que quisiera imprimir exactamente el ritmo contrario, con un entorno cada vez más frenético y sin que se perciba algún ánimo de reducir tal locura. Las distintas etapas del año, sus celebraciones y efemérides se enganchan unas a otras sin solución de continuidad, y con unos mensajes cada vez más simples todo ello invita a un eterno nivel alto de movimiento y actividad. Ideas y contextos que darían para mucho más se despojan casi de todo, y se quedan convertidos en caricaturas de lo que un día fueron, con cuatro ideas-fuerza que quizá bien valen para un mensaje en redes sociales, pero que no son una buena carta de presentación para mucho más...

Y creo, amigos y amigas, que esto le está pasando ahora a la Navidad. No piensen que digo esto como apología -que no es el caso- de una vuelta a una visión más religiosa y concretamente litúrgica de tal tiempo, pero creo que hay valores, desde un esquema conceptual mucho más amplio que el de un culto concreto, ligados indefectiblemente a la Navidad. Y de esos ya no se habla, o sí, pero quien nos los cuenta es generalmente un comerciante que lo ha introducido en su publicidad con la lógica, como siempre, de vender más...

Queridos y queridas, no acepto que me cuenten que la ilusión ligada a la Navidad es comprar esto o aquello, o tenerlo porque alguien me lo regala. Es más, creo que no es bueno ligar amor y regalo material, pero no por nada en particular sino porque son cosas netamente distintas. Y creo que la Navidad, en el sentido amplio y después de la necesaria secularización de nuestra sociedad, se había convertido hace unos años en una exaltación de valores como la humanidad, la empatía, el valor de la familia o la capacidad de construir en común, que en esta nueva vuelta de tuerca de la posmodernidad de finales del primer cuarto del siglo XXI se están perdiendo también en beneficio de lo únicamente crematístico o pecuniario. Parece que ahora solo se asume que es Navidad y que, por tanto, no te puedes perder tus compras de esto, de aquello o de lo otro...

¿No me creen? Pues dense ustedes una vuelta por la publicidad de lo que nos cuentan de la Navidad. Háganlo en la radio, en la televisión, en las redes sociales e internet y también en los periódicos. Y vayan más allá, incluso, teniendo la oreja puesta en el día a día, allá por donde pasen. ¿Qué se percibe como espíritu de la Navidad? Creo que en una sociedad plural y diversa, como la nuestra, cada uno podrá tener su visión particular sobre el tema, o simplemente pasar de él, pero que se pretenda que este período, como todos los demás, es solamente un gigantesco escaparate donde todos nos afanemos en comprar mucho, rápido y con una gigantesca sonrisa, me parece conceptualmente pobre.

Y, entonces, listo... ¿qué es para ti Navidad?, me dirá alguno de ustedes... Pues creo que puede ser un estupendo momento para pensar en qué sociedad queremos, teniendo muy presentes valores de concordia y de amistad, de amor y de compromiso, de ganas de mejora individual y colectiva, y tratando de entender este momento único que nos ha tocado vivir como una oportunidad de oro para intentar ser lo más felices posible sin fenecer en el intento, cuidando y respetando a las personas independientemente de sus características personales y manteniendo un alto nivel de coherencia entre nuestras ideas y nuestra praxis. ¿Que a usted eso se lo inspira Jesucristo y su nacimiento? Ah, pues muy bien. ¿Y que no le hace falta tal cosa, y llega a tal convencimiento desde una pura visión humanista y ética? Pues también fenomenal... Pero, eso sí, sin que la Navidad sea solamente un nuevo mercadillo cutre donde todo se compra y se vende... Porque no, para mí eso no tiene nada que ver ni con la Navidad ni con nada que merezca un poco de pasión, ilusión y alegría...

Tracking Pixel Contents