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Opinión

Divorcio

Vivimos un momento de divorcio creciente entre los dos lados de las ecuaciones que moldean nuestra vida. Queremos pensiones más altas, gastar más en sanidad, vivienda, educación… pero también pagar menos impuestos. Queremos que nuestras notas, sueldos o éxitos vayan in crescendo, pero que nuestro esfuerzo sea cada día menor. Queremos frenar el cambio climático, pero sin renunciar a hábitos y actividades altamente contaminantes. Queremos todas las coberturas posibles y sin límite, sin asumir nuestra parte de responsabilidad en que las cosas no funcionen como deben. Me temo que se nos ha ido de las manos.

La consecuencia de lo anterior es el auge del pensamiento naif y de las ideologías populistas, en los dos extremos: el IRPF es un robo, con mi seguro de salud de 50 euros al mes ya lo tengo todo resuelto, las pensiones son miserables, si no robasen tanto sobrarían recursos para todo, el cambio climático es un invento de científicos y algunos izquierdistas, los empresarios son villanos dignos de Marvel…

Confieso que me encuentro profundamente incómodo en este marco. Como deportista, persona que se ha beneficiado extraordinariamente de la educación pública, y alguien que le ha dedicado muchas horas a alcanzar objetivos, he aprendido la dialéctica insobornable entre los dos lados de la ecuación, por más que el azar a veces la distorsione. Como profesor y científico social, observo peligrosas tendencias políticas en las que terraplanistas y charlatanes triunfan.

No tengo una solución general, pero sí sé que la pedagogía y la participación activa en el debate público por parte de las personas y organizaciones que saben sobre los diferentes asuntos es una obligación. Las universidades y las ciencias sociales son más importantes que nunca.

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