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Opinión | Editorial

El traslado de Repsol: una oportunidad única para A Coruña

Vista de A Coruña con el puerto en primer término.

Vista de A Coruña con el puerto en primer término. / LOC

El acuerdo para el traslado total de Repsol de los muelles interiores de A Coruña al puerto exterior de punta Langosteira, en Arteixo, constituye uno de los acontecimientos de mayor calado de los últimos años en la ciudad. Por un lado, levanta por fin, más de dos décadas después, el pilar sobre el que se justificó el proyecto de la nueva dársena: desterrar a los petroleros de la ciudad. Por otro, abre una oportunidad única y extraordinaria para rediseñar A Coruña casi desde cero, con su apertura al mar en toda la fachada que discurre de los jardines de Méndez Núñez a Oza.

El acuerdo, sellado simbólicamente este viernes, da continuidad definitiva al traslado, cuya primera fase, firmada en octubre de 2013, tardó diez años en completarse. La Autoridad Portuaria y Repsol se comprometen ahora a dar un impulso a la mudanza con la intención de hacerla efectiva en dos años, para que a finales de 2027, cuando se extingue la concesión de la petrolera en los muelles interiores, quede libre toda la superficie que aún ocupa en la actualidad.

La magnitud del traslado se puede medir también en sus cifras: 140 millones de euros de inversión de la compañía en punta Langosteira, que elevan el total a más de 260 millones; 127.000 metros cuadrados de superficie ocupada en el puerto exterior, entre suelo y lámina de agua; y quince años más de concesión para sus instalaciones en Arteixo, otorgadas en un principio por 35 años.

En el acto en que presentaron el acuerdo, el presidente del Puerto, Martín Fernández Prado, destacó la importancia de un convenio al que «ha costado» llegar. «No es un acuerdo de traslado más», sino que supone un «punto de inflexión» en la historia del puerto y derivará en «la gran transformación de la fachada marítima de A Coruña».

Este movimiento implica a uno de los principales vectores económicos de A Coruña, el puerto, y a su principal cliente, Repsol, que genera el 60% de los tráficos que se mueven en sus muelles. Su traslado, la razón primigenia para afrontar la construcción del puerto exterior, reforzará punta Langosteira como polo del tráfico marítimo en la fachada atlántica. Y también consolida a Arteixo como referente industrial y empresarial de Galicia. En su término municipal producen tres de las compañías con mayor vigor en Galicia: Inditex, Hijos de Rivera y Repsol. Por eso son justas las reivindicaciones de su alcalde, Carlos Calvelo, de que estos desembarcos vayan acompañados de mejores infraestructuras para el municipio y sus vecinos, y, por extensión, para el propio movimiento empresarial.

Pero, más allá del efecto económico, el traslado de Repsol abre la puerta a diseñar el futuro de A Coruña con toda la ambición que permite reforzar el tejido económico y afrontar la mayor transformación urbanística de la ciudad en décadas. Todas las administraciones, aglutinadas en la iniciativa Coruña Marítima, deben superar colores políticos y coordinar una solución que trascenderá a esta generación y a este siglo.

En toda la franja litoral que quedará liberada con el traslado de Repsol y de otros operadores del puerto coruñés, existe espacio suficiente para conjugar el mantenimiento de actividad básica portuaria, como la pesca, y la creación de nuevos polos económicos y culturales. Y, por supuesto, para construir vivienda, sin afán recaudatorio y de obtención de plusvalías, sino como una fórmula para combatir los precios estratosféricos que expulsan del mercado inmobiliario a muchas familias y condicionan demasiados proyectos de vida.

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