Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

No disparéis contra el niño Jesús

A los que fuimos niños en la tristísima posguerra española, las fiestas de Navidad eran la ocasión para organizar un Nacimiento en un rincón de la casa propicio para ello. Una afición a reproducir un paisaje de Palestina con unas figuritas de barro cocido de diversos oficios (pastores, pescadores, ganaderos, aguadores, panaderos, vinateros, pájaros de muy diverso pelaje y canto, etc.). También había allí pequeños puentes sobre pequeños y rumorosos ríos, tierras de cultivo, hortalizas, plantaciones de árboles frutales, viñedos y todo aquello que pudiera hacer grato a un ser humano medianamente sensible gozar de la vida en plenitud.

El Nacimiento, también llamado Belén, consiste en una reproducción a pequeña escala de un pretendido paisaje de Palestina tal que nos lo imaginamos en el tiempo en que nació Jesucristo. Un hombre tan importante que la Historia que merece ser contada (o adulterada) comienza a computarse desde su nacimiento. Es decir, antes de Cristo y después de Cristo.

La fiesta que ahora conmemoramos es la más alegre del calendario cristiano y, en su honor, comemos, bebemos y holgamos sin tasa ni medida, pese a que el fundador de la secta recomendó siempre moderación y templanza a sus seguidores. Y así deberían haber transcurrido las cosas en este bonito cuento oriental que arranca con el nacimiento de un dios que se hace niño tras haber sido concebido por ese mismo dios en el seno de una mujer virgen que luego contrae matrimonio con un carpintero que se brinda a ejercer de padre.

A partir de ese momento, el relato toma una dramática velocidad. La pareja, advertida de que el rey Herodes había ordenado matar a cuatrocientos recién nacidos por si entre ellos se encontrase el niño que ya de mayor pudiera disputarle el trono, huye a Egipto para salvarlo. Este episodio trágico, conocido como la «matanza de los inocentes», trae a la memoria el genocidio que ha perpetrado en Gaza y Cisjordania el Ejército de Israel, que aún no ha cesado en la furia homicida desatada sobre miles de palestinos. Preferentemente, sobre las mujeres y los niños, que es tanto como negarles cualquier clase de futuro.

En las sucesivas casas donde habité (que son un reducto belenista en el que está prohibida la presencia de árboles de Navidad cortados para la ocasión), siempre encontré un hueco para instalar un Nacimiento comprado hace muchos años en la ciudad portuguesa de Viseu, que es un prodigio de color y de modesta artesanía muy del gusto de nuestros vecinos. Entre las figuritas que acuden a honrar al niño Jesús se encuentran representantes de todos los oficios, incluidos en la relación los tres reyes eméritos llegados de Oriente y uno de esos fogueteiros que animan con el petardeo de sus cohetes las ferias lusitanas. Un sonido que en la Palestina martirizada por Israel es el preludio de más muertos y de más destrucción.

No disparéis contra el niño Jesús por el mero hecho de haber nacido palestino.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents