Opinión | Crónicas galantes
Riesgos de la Nochebuena
Por más que los villancicos insistan en que es una noche de paz, la Nochebuena suele abundar en riñas familiares. Este año, dominado por la política hasta en la sopa, podría ser aún peor.
Un catorce por ciento de los españoles teóricamente adultos han dejado de hablarse con familiares e incluso con amigos en lo que va de 2025, sin más motivo que sus diferencias ideológicas. Muchos de ellos aluden precisamente a la cena de víspera de la Navidad y a la Nochevieja pasadas como los escenarios en los que mayormente arrancaron esos disensos.
El dato lo ofrece la organización «More in common» (Más en común), que cifra en cinco millones el número de españoles enemistados por torpes razones partidarias. Como si la política les diera de comer.
La culpa habría que atribuírsela a quienes gobiernan o aspiran a gobernar, con su temeraria manía de volver a dividir el país entre rojos y fachas. Son los mismos políticos que apenas tardan un minuto en pactar por unanimidad sus aumentos de sueldo.
«No es nada personal: solo negocios», decían los mafiosos de El Padrino después de darle matarile a alguien de la competencia. Los políticos no han aprendido nada de esta sabia máxima y, lejos de centrarse en lo suyo, se dedican a mentarle la parentela o lo que haga falta al de enfrente.
Los ciudadanos, que son como niños, no han tardado en imitarlos; y las consecuencias no pueden ser más devastadoras. Ahí están de nuevo las dos Españas de Machado dispuestas a helarle el corazón la una a la otra y viceversa.
Nos hubiéramos ahorrado todo esto sin más que seguir la sabia costumbre británica que aconseja no hablar de política, de religión ni de dinero en la mesa.
Sería de temer que así nos quedásemos sin temas de conversación, pero qué va. En Galicia y otros lugares del norte se habla (o hablaba) sobre todo de comida y de vinos: asuntos de mayor enjundia que ayudan a engrasar la charla. Y que raramente terminan en disputa.
Por el contrario, la política —tal como se entiende hoy en España— es fuente inagotable de discordia. Basta que entre un fan de Podemos y otro de Vox, valga la redundancia, en la sosegada tertulia de cualquier café. En menos de media hora nacerá la gresca entre los parroquianos hasta entonces apacibles: y hasta puede que acaben mentándose a las respectivas madres.
Más propicia aún para el follón es la cena navideña. Favorecidas por el alcohol y la reunión con gente a la que apenas se ve el resto del año, aumentan en Nochebuena las discusiones sobre el siempre arriesgado tema de los partidos (políticos o de fútbol). Es de esperar que mande el buen sentido y solo se debata sobre las preferencias de los comensales en materia de bacalao o pavo. Quizá sea mucho pedir en una España donde la política se ha convertido en asunto de forofos.
Suscríbete para seguir leyendo
- Los gallegos guardan 4.000 millones más en sus cuentas bancarias por falta de rentabilidad
- Los taxis de A Coruña cortarán Alfonso Molina para manifestarse contra los VTC
- La Xunta pagará 139.000 euros a un alumno de Oleiros que perdió un ojo
- Jon Karrikaburu vuelve a escena para el Deportivo
- Lucas Pérez deja de entrenarse con el Leganés
- El precio medio de nuevos alquileres en A Coruña baja de los 700 euros por primera vez en un año, pero también caen los contratos
- Deportivo - Atlético: Horario y dónde ver por TV y online los octavos de final de la Copa del Rey
- Las 70 plazas del aparcamiento de la estación intermodal para vecinos: estos podrán ser los precios y plazos
