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Opinión | Crónicas galantes

Buen semen, pero pocos bebés

Distintos estudios sugieren desde tiempo atrás que el semen de los gallegos es uno de los de mayor calidad de España, si no el mayor. Paradójicamente, los índices de natalidad en Galicia figuran entre los más bajos de la Península y hasta de Europa. Algo raro pasa aquí.

La primera noticia la dio el Instituto Marques, que allá por el lejano 2008 ensalzaba el esperma de Galicia Calidade. Otros estudios posteriores determinaron que la calificación del semen había bajado en España y el mundo en general. No así en Galicia, que mantiene sus altos estándares, según un análisis comparativo del Instituto Valenciano de Infertilidad, fechado hace un par de años.

La investigación original establecía que el semen era de menor sustancia en los reinos autónomos más industrializados. De ello se deducía que la contaminación por tóxicos de origen fabril es, probablemente, la causa del deterioro en la calidad del producto. Lugares más pastoriles como Galicia no sufrirían, en cambio, ese inconveniente. Parece un consuelo de pobres, pero el dato es el dato.

No solo se trata de la especie humana. Años atrás alcanzó justa fama el toro Mario Xacobeo al proclamarse durante cuatro años consecutivos campeón de sementales de España. Aquel eyaculador frenético proveyó de 275.000 dosis de semilla a las vacas de más de media docena de países. El desaforado chorro seminal de Mario benefició a reses de Estados Unidos, de Finlandia, de Inglaterra y hasta del remoto Irán. Para que luego digan que en Galicia no hay afición a las corridas.

Infelizmente, el semen de los gallegos propiamente dichos no ha alcanzado, ni de lejos, las tasas de fecundidad de toros como el citado Mario, padre innúmero de terneros en varios continentes. Bien al contrario, la facturación de bebés autóctonos no para de caer desde hace años en Galicia.

El último censo recientemente difundido certifica lo que ya se sospechaba. La población gallega —en sentido estricto— bajó en más de diez mil personas el pasado año, aunque en números globales creciese en casi nueve mil.

La explicación a esa paradoja, que no es tal, reside en la llegada de 19.200 inmigrantes. Son los nuevos gallegos de importación quienes están evitando hace ya tiempo que la demografía del país entre en números rojos.

En esto se conoce que las bondades del semen galaico chocan con las exigencias de la economía. Los escuálidos sueldos que se cobran en Galicia parecen disuadir a los jóvenes de procrear como Dios y las necesidades de población mandan. Contra esta tendencia se han estrellado todos los incentivos urdidos por los gobiernos autonómicos ya desde los tiempos de Don Manuel I.

Nos queda, si acaso, el gozo de saber que, a falta de euros y con los alquileres disparados, el semen de por aquí sigue siendo de Galicia Calidade. Y aún habrá quien no se consuele.

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