Opinión | Shikamoo, construir en positivo
¡Feliz salida de 2025! ¡Y feliz 2026!
Les saludo especialmente en este día, queridos y queridas, que combina su condición de ser una jornada más con la especial de constituirse en la última del año. Algo que desde una perspectiva cosmológica o incluso telúrica es absolutamente irrelevante, como la práctica totalidad de los actos humanos, pero que a nosotros nos impacta sobremanera. Sí, hoy es día de celebración, de balance, de dejar a un lado la mochila de decepción que hayamos podido cargar en 2025 y de comenzar algo nuevo. ¿Qué? Pues quién sabe... Ojalá que los hados del destino y del trabajo propio les traigan a todos ustedes lo mejor, que a veces no coincide exactamente con lo deseado... Y, si no es así, que por lo menos nos quedemos como estamos, que no es poco... Yo, desde luego, ya firmaba...
Y es que ser conscientes de la insoportable levedad del ser, Kundera dixit, es el primer paso para disfrutar de un razonable nivel de felicidad. Si uno se da cuenta de que todo sobre la faz de La Tierra es un regalo, entonces a lo mejor se toma ciertas cosas de manera diferente. Y créanme que, desde este punto de vista, el trasfondo tras las cuitas que hoy llenan buena parte de las portadas de los periódicos y los momentos álgidos de los informativos resulta harto cutre, por lo menos... Y es que la codicia, la avaricia, el ansia de poder,... todo esto se pierde entre bambalinas cuando de lo más íntimo y personal va la cosa... Y ello es la línea delgada entre estar o no estar, vivir o no y tener cierto grado de sosiego para seguir afrontando la existencia...
Miren, hace un par de días un amigo de Zaragoza al que aprecio mucho, y que ha tenido y tiene grandes responsabilidades en el ámbito médico y asistencial, colgaba en su perfil en una red social un vídeo de un muy activo divulgador en redes, pediatra y experto montañero de la zona... «Claro, se conocerán», pensé yo... Y seguramente sí, pero en realidad el suyo era un homenaje... Tal y como habrán visto ustedes en este mismo periódico, el reciente alud en el pico Tablato, en las cercanías del incomparable Balneario de Panticosa, se llevó por delante el pasado día 29 a tres experimentados esquiadores de montaña. Y dos de ellos eran la persona citada y su pareja, una muy reputada montañera y laureada corredora de carreras de montaña... Yo no les conocía personalmente, pero la constatación precisa de la fina y delgada línea entre estar y desaparecer físicamente me impacta, una vez más... Y quizá porque en la última semana esto me ha pasado un par de veces más, me hace ser especialmente sensible a ello... ¿Se dan cuenta ustedes de lo rápido que va todo, y de como aún más velozmente desaparece...?
Es por eso que hoy no voy a dedicar esta mi última columna del año a un balance del mismo, como otras muchas veces... En realidad, ya saben todos ustedes qué ha pasado y qué no, y la verdad ni el resultado de nuestras proezas humanas es para tirar cohetes, ni podemos decir que me llame demasiado la atención... En vez de esto, en cambio, déjenme que insista una vez más en la naturaleza verdaderamente mágica de todo lo que nos acontece, de lo complejísima que es la vida a poco que uno penetre en sus mimbres, y en lo maravilloso que es el orden que aparece en todas las escalas de la Naturaleza, desde lo atómico a lo planetario... Déjenme que alabe la fractalidad de muchas de las estructuras que nos son comunes. Y que entienda que en cada insecto o en cada pequeña flor está la esencia de lo más grande, que hay que saber ver con los ojos apropiados, poco anestesiados por pantallas que muestran lo más mundano y evidente... Imaginen, entonces, qué representa cada persona... Un tesoro, por supuesto. No tengan ustedes ninguna duda de ello. Disfruten de las pequeñas cosas, siendo capaces de tratar de entender y de estimar al de enfrente... No es mal consejo, no.
Afronto 2026, amigos y amigas, desde la paz que da contemplar a la vida con buenos ojos. Y huyendo infinitamente del ruido, aunque soy consciente de que si queremos mejorar las condiciones de vida de las personas es importante descender a lo más terrenal de vez en cuando y tratar de influir para que no ganen siempre las malas prácticas, ideas y actitudes. Afronto 2026 buscando luz en todas las miradas, convencido como estoy de que solamente hay que pulsar las teclas adecuadas para que todo el mundo termine apostando por la paz y la concordia, la generosidad y el amor sin límites. Esto es lo que le he pedido yo a los Reyes Magos, a San Nicolás, a Papá Noel y a Santa Klaus, al Tió, al Apalpador y al Olentzero... Y a todo el que se me ha puesto por delante con cierta capacidad de magia... Que se queden el oro y el incienso... Y la mirra, mejor que la usen para calmar la agonía de tantos congéneres destruidos allá donde la codicia hace estragos, en forma de conflicto o de cualquier forma de opresión... Porque ese es el mal: la codicia, la acaparación, que en el fondo no es otra cosa que una manifestación superlativa y cruel de una profunda asimetría matemática...
Cuídense mucho. ¡Feliz salida de año 2025! ¡Feliz Nochevieja! Y feliz año 2026, que yo estrenaré una vez más donde empezó todo... En el mar... Dentro del mar... ¡Feliz Año Nuevo!
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