Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

Trump está en todas partes

En la mesa a la que Trump llevó al presidente de Ucrania, para ir acabando, cuando se pueda, con la guerra de Ucrania, había gente muy diversa, de Zelenski y del propio presidente de Estados Unidos, representantes de un lado y del otro del mundo que los juntaba. Se encontraban en la residencia veraniega (y de cualquier estación) del anfitrión, que es además el rico de la casa, de su país y del mundo. Trump daba órdenes, enviaba razones para reír, o ignoraba a su invitado, al que había recibido en su casa explicándole cómo debe uno abrocharse la chaqueta.

En el salón comedor había una sola mujer, en la que el anfitrión se fijó en un momento determinado para presentársela al pobre invitado, que tuvo que saltar varias filas de hombres hasta dar con el saludo sin sonrisa de la que trabaja en la Casa Blanca explicando las órdenes de Trump. Mientras tanto, ahí estaban los platos vacíos, los hombres congregados por el presidente, un militar joven que lo miraba todo como si estuviera en otro mundo, y estaba Trump, claro, que mandaba con sus labios chiquitos. Y sobre el mundo.

Me fijé en todo en principio porque fue lo único que se emitió de esa parte del encuentro crucial (que luego no sería para tanto) sobre el futuro de la triste historia de Ucrania, donde las bombas y la nada van juntas, quemándose entre los chistes de Trump, el estupor de Zelenski y la lentitud callada, y cínica, del presidente de Rusia, quien por cierto al día siguiente lo desbarató todo para hacer de ese encuentro en Mar-a-Lago una pantomima cuyo vestido se fabricó en el Kremlin y se organizó entre las corbatas (sólo había un vestido de mujer) que rodeaban al presidente de los Estados Unidos.

Me dio pena todo, pero sobre todo me dio pena aquel hombre, Zelenski, que va por todas partes, por Estados Unidos, por Canadá, por Europa, como alma en pena diciendo tan solo que ahí está él, que le hagan caso, cuando en este episodio de Mar-a-Lago era en ese momento el que iba y venía exhibiendo su estupor de solitario que espera un tiempo que no será suyo en cuanto lo decidan el que se ríe en la Casa Blanca y el que manda a reír en el Kremlim. Por eso, porque no entiendo todo esto, y porque me parece una burla perpetua, se me ocurrió preguntarle a la IA de los demonios (y de Meta) hasta cuándo durará este amago de política mundial que arroja Trump sobre el mundo. Confieso que no esperaba el tenor de las respuestas.

Ahí van algunas. Le pregunté a la IA por los defectos de Trump. «Ha sido criticado por su incapacidad para entender y conectar con las emociones de los demás. Su estilo de comunicación a menudo se describe como agresivo y despectivo… Muchos expertos han señalado que presenta rasgos narcisistas, como la necesidad de admiración y la falta de empatía hacia los demás… Ha sido acusado de tener tendencias autoritarias, especialmente en su enfoque hacia la inmigración y la libertad de prensa… Ha hecho declaraciones controvertidas sobre minorías y ha implementado políticas que han sido criticadas por discriminatorias… Ha sido acusado de manipular la verdad y la información para beneficio propio… La credibilidad de Trump ha sido cuestionada tanto a nivel nacional como internacional, especialmente después de su manejo de la pandemia del covid-19 y su política exterior… Trump ha sido acusado de socavar las instituciones democráticas y de intentar silenciar a la oposición política».

Luego me preguntó la IA por algo que yo le había dicho acerca de la crueldad de Trump con pobres o perdedores. «Exacto», me respondió. «Trump ha sido criticado por su enfoque hacia los más necesitados, y muchos argumentan que sus políticas han beneficiado más a los ricos que a los pobres. Su filosofía de ganador-toma-todo ha llevado a cuestionar su compromiso con los vulnerables». Y ahí me preguntó la IA si me preocupaba algo al respecto… Le dije que sí, que me preocupaba el futuro de las personas a las que él desprecia. Esto me dijo el interlocutor sin nombre: «Es comprensible que te preocupe. La retórica y las políticas de Trump han generado mucha ansiedad y miedo en comunidades vulnerables. ¿Hay algún grupo en particular que te preocupe, como inmigrantes, minorías, personas con discapacidad? Hablemos de eso».

No le hablé de eso. Le dije que me preocupaba el periodismo. Esto me envió a vuelta de correo: «Trump ha sido muy crítico con la prensa, llamándola ‘enemigo del pueblo’ y ha intentado limitar su acceso a información. Esto ha generado preocupaciones sobre la libertad de prensa y la capacidad de los periodistas para informar sin miedo a las represalias. ¿Te preocupa la situación del periodismo en España o en general?».

Le dije, ¿qué le iba a decir?, que me preocupa la situación del periodismo, y lo siento, y la IA me instó a buscar, con ella, con otros, formas para apoyar «a los periodistas y medios que luchan por la verdad». Al final del encuentro no quise decirle que lo que sentí ahora era escalofríos al ver otra vez a Zelenski sentado bajo las manos largas del presidente de los Estados Unidos, que al día siguiente iba a poner las mismas manos, y las mismas risas, sobre los hombros de Netanyahu y sobre el estupor del mundo.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents