Opinión | 360 grados
La diplomacia de la pistola en la sien
Marco Rubio, el hombre designado por Donald Trump virrey de Venezuela para mejor explotar sus recursos naturales, como en la época del imperio español, dice que prefiere siempre la diplomacia.
La diplomacia, esto es, de la pistola en la sien, como ha hecho con la sucesora interina del secuestrado presidente Nicolás Maduro, a la que Washington amenaza con un nuevo ataque a su país si no se pliega a sus órdenes.
De ascendencia cubana, de eso que los izquierdistas llamaban en los primeros tiempos de la revolución castrista los «gusanos de Miami», Rubio ha sabido adaptarse muy bien al sistema político estadounidense.
Sistema basado en el soborno de políticos y legisladores, que dependen para hacer carrera de las donaciones de los poderosos grupos de presión, desde el lobby sionista hasta el financiero, el energético o el de la industria del armamento.
Uno de los que han contribuido a la carrera política del «little Marco» («Marquito»), como le llamó despectivamente quien hoy es su jefe en las primarias republicanas de 2016, es un financiero judío rabiosamente sionista llamado Paul Singer.
Fundador de Elliott Investment Management, Singer ha contribuido con sus millones a las campañas presidenciales de presidentes republicanos como George W. Bush o el actual ocupante de la Casa Blanca sin olvidarse de legisladores con ambiciones presidenciales como el propio Rubio.
Y su apoyo tanto a Trump como a su acólito Rubio se ve generosamente recompensado: así, su fondo de inversiones de alto riesgo, Elliott Mangement puso el ojo en la que el diario estadounidense The Wall Street Journal califica de «joya de la corona de la industria petrolera venezolana».
Se trata de Citgo Petroleum, empresa con sede en Houston que comprende un grupo de refinadoras de petróleo y comercializadora de gasolina, lubricantes y petroquímicos, propiedad de la petrolera estatal venezolana, PdVSA, pero que ésta se ha visto obligada a vender para pagar a sus acreedores .
Un juez estadounidense autorizó la venta de Citgo al fondo de Paul Singer por algo menos de 6.000 millones de dólares, lo que, en opinión de los expertos, es una auténtica ganga.
Pero es que el «fondo buitre» que es Elliott Investment Management se dedica a comprar a precios de saldo la deuda de países con dificultades económicas para luego exigir el valor nominal completo con métodos mafiosos como los empleados ahora por Trump y Rubio en Venezuela.
Otro de los financiadores de esos y otros políticos sin escrúpulos es el Geo Group, dueño de prisiones privadas en Estados Unidos y que ha hecho un enorme negocio con la campaña de encarcelamiento de migrantes de la Casa Blanca de Trump.
Se calcula que aproximadamente el 90 por ciento de esa población carcelaria está en celdas de centros manejados por empresas como la citada, Core Civic o Lassalle Corrections.
Por cierto, que el Geo Group ha tenido que hacer frente a las demandas judiciales de grupos de derechos humanos que la acusan de utilizar «mano de obra esclava» en sus centros penitenciarios.
Ése y no otro es el país a quien la premio Nobel de la Paz María Corina Machado tiene puestas todas sus esperanzas.
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