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Opinión | EDITORIAL

El fantasma de la burbuja y barrios para los vecinos

Viviendas en A Coruña

Viviendas en A Coruña / Casteleiro/Roller Agencia

El bum de precios de la vivienda continúa atenazando los bolsillos de las familias en un momento de especial simbolismo, pues hace poco más de un mes el Concello de Miño logró saldar su millonaria deuda contraída hace veinte años en plena fiebre del ladrillo, que estalló a raíz de la crisis financiera a finales de 2008 con la quiebra de Lehman Brothers. Aquella tormenta destrozó miles de vidas en Galicia, donde la posterior recesión generó pérdida de viviendas y de sueños.

El fenómeno actual comienza a recordar a aquella época o más bien a las grandes capitales mundiales donde la vivienda se ha convertido en un lujo incluso para trabajadores con salarios por encima de la media.

A Coruña es el decimoctavo ayuntamiento más poblado de España, pero los precios de las compraventas de viviendas rozan el top 10, una circunstancia alimentada por varias peculiaridades de nuestra ciudad, como es su condición de península, lo que reduce el espacio urbanizable, o el fenómeno Inditex, que ha causado incremento de tarifas de alquileres y coste de los hogares en las zonas más demandadas por la ciudadanía, así como de salarios.

Durante los dos últimos años, el precio de las compras de pisos en la ciudad se ha disparado casi un 30% con 2.481 euros por metro cuadrado, según los últimos datos del Consejo General del Notariado.

Las noticias, artículos o editoriales sobre esta cuestión corren el riesgo de tornar repetitivos, de aburrir al lector, pero la dimensión de esta problemática, de carácter transversal y generalizada, obliga a los medios de comunicación con perspectiva social, como LA OPINIÓN A CORUÑA, a mantener el foco sobre la necesidad de políticas que busquen facilitar el acceso a un hogar. Las cifras expuestas anteriormente así lo exigen.

Esta semana se produjeron tres noticias en la ciudad que inducen reflexiones sobre esta cuestión. Por un lado, la Junta de Gobierno Local concedió la primera licencia para construir viviendas en San Pedro de Visma, uno de los nuevos barrios llamados a incrementar la oferta inmobiliaria de la ciudad, como Monte Mero o As Percebeiras. Este último enclave fue el protagonista del segundo hito destacable, pues el Concello decidió paralizar un año más el proyecto para construir 400 viviendas para estudiar cambios en un plan inicial que pretendía opacar las vistas al mar de las viviendas de María Pita y apostar por una densidad poblacional muy elevada.

Fomentar espacios urbanos más «aireados» donde los vecinos puedan disfrutar de la vía pública y contribuir a una cultura comunitaria con la que especialmente se identifica esta ciudad mediante su arraigo a los barrios debe marcar la línea a seguir por las administraciones públicas implicadas: ciudades a escala humana, zonas peatonales, parques...

Esa senda evitará tener que aplicar dentro de unos años políticas de peatonalización como la presentada esta semana en la Sagrada Familia, uno de los enclaves con mayor densidad poblacional de Europa, una circunstancia que lastra la calidad de vida de los ciudadanos y que tratan de combatir las políticas de humanizaciones que guían los pasos de las políticas urbanísticas vanguardistas desde hace años, a pesar de las quejas habituales que se apagan cuando los barrios ganan vida al sustituir tráfico rodado por vecinos paseando. En el caso de la Sagrada Familia, son necesarias más actuaciones en esa dirección, pero bienvenidas sean todas.

El modelo de alta densidad poblacional pertenece al pasado desarrollista, por lo que ofrece lecciones para un futuro en el que se deben plantear medidas innovadoras para facilitar que los ciudadanos puedan lograr un hogar a un precio asequible, pero también incorporar un tipo de urbanismo donde el asfalto ceda espacio público a las personas, a los parques y, en definitiva, al alma de los vecindarios.

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