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Opinión | La pelota no se mancha

Dépor-Atlético o cómo ser grande y jugar en pequeño

Deportivo-Atlético

Deportivo-Atlético / Pardellas

Ha recibido muchos palos, alguno merecido, Antonio Hidalgo por haber convertido al Dépor en un equipo reactivo, en uno que minimiza y espera el fallo del rival, a la espera de que la calidad decida. Con Yeremay cualquiera tendría la tentación. No hay fútbol, no decanta los partidos, solo se resguarda como un cazador agazapado a la espera de una presa. Una supuesta ley de mínimos que le llevó al liderato en la liga de Segunda División y que ahora le tiene penando, en una crisis que amenaza a permanente. Si merece la crítica y la reprobación el proyecto blanquiazul, ¿qué se puede decir del Atlético de Madrid de Simeone que se plantó en Riazor? Fue llegar a A Coruña, sentir el césped bajo sus pies y esperar a que el Dépor le entregase la victoria. Ni presionaba arriba ni le restringía las posiciones intermedias, hasta le regaló una ocasión clara a Eddahchouri en la primera parte. Solo le faltaba al Dépor un punto de ritmo, calidad y decisión para transitar con firmeza y ser más decisivo en los últimos metros. Esta vez, sí era inferior, no como le ocurre la mayoría de las veces cada domingo.

Pasada esa media hora, el Atlético se dio cuenta de que la clasificación a cuartos de final no se la iban a pasar por debajo de la puerta y que iba a tener que ir a buscarla, a ganársela. Le dio pereza, lo hizo y casi lo consigue hasta el descanso. Le llegó el primer gordo a la hora de juego y en una jugada aislada y plena de clase de Griezmann. Es muy distinto ser grande y jugar como un grande y ser humilde y jugar como un conjunto pequeño. Quien empequeñeció en Riazor, más allá de que luciera al francés o a Julián Álvarez, fue el Atlético de un Simeone desgañitado en la banda, mientras había hecho bien poco para no pasar apuros.

Cuestión de ritmo

Tener enfrente a un rival de Champions League sirve también para medir al Dépor y a sus jugadores. La vorágine y esa montaña rusa que es la Segunda División racanea las oportunidades de sacar la regla. Y, ante un equipo que penaliza el error y que obliga a afinar controles y decisiones, se vio que quién va en primera o segunda marcha y quién acelera en sexta en el proyecto de Hidalgo. Charlie Patiño y Altimira juegan, en ese sentido, en ligas diferentes. Ya no son el mismo tipo de futbolistas, pero cada parsimonioso control del británico, más allá de que saliese airoso en la mayoría de las situaciones, generaba que un rival le encimase. Problemas y más problemas. Altimira, en cambio, en cada balón dividido, veía una oportunidad. Se notó que viene de Primera, que luce unos cuantos partidos con los buenos. Quagliata va subido en la misma moto. Refuerzos de calidad, fichajes que hacen la diferencia. También pistas de que a Charlie le falta y mucho. Con él todo es poco a poco.

Rehabilitación a Parreño

Ese penalti parado por Ferllo en Gran Canaria libera de presión a Hidalgo y despeja cualquier tipo de dedo acusador tras sentar a Germán Parreño a las primeras de cambio. Cada mano del riojano le llenará el zurrón de razones ante la decisión tomada, aunque en realidad más que optar por el guardameta en el que confía, lo que chocó es que lo hiciese tan rápido, que no vacilase nada, que no cuidase la tan manida igiene de vestuario. No merecía sentir el banquillo a la primera, al menos que hubiese algún tipo de transición. Después de edulcorarle la oreja en las dos últimas semanas, Germán volvió a escena, a colocarse bajo palos. Y lo retomó en el punto de la última vez. Sobrio, resolutivo, con buenas manos y calma con la pelota.Que nadie le cambie, que nada le perturbe es el mejor elogio en una posición tan volátil e inestable. Es un futbolista que no ha tenido planos intermedios en sus tres años en A Coruña. O focos o oscuridad total. Él ha acomodado sus ojos a todas las realidades. O héroe del ascenso que se deja una mano en la última parada o paciente suplente o guardián inesperado en la turbulencia o secundario de lujo para un meritorio de Segunda. Da la sensación de estar siempre de guardia. Y no solo para parar balones, sino también para saber estar, para que se sienta su huella en el vestuario. Bienvenida sea su próxima renovación.

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