Opinión | Shikamoo, construir en positivo
De matones y mamporreros «made in U.S.A.»...
Me gusta el cine. Debe de ser por eso que son muy pocas las películas de factura estadounidense que llego a soportar. Sí que las hay, claro, «haberlas hailas», pero supongo que esto es debido a que, con el enorme volumen de producción que tienen por allí, es materialmente imposible que alguna no se salve. Pero si comparamos el cine de ese poderoso imperio con las producciones francesas, argentinas, españolas, italianas, británicas o de muchos otros lugares, para mí el resultado se podría abreviar diciendo que casi podría prescindir de las películas que vienen del gigante norteamericano. Cero guión, presupuesto estratosférico y... un montón de «tics» y lugares comunes más propios de un pensamiento estrictamente plano que de otra cosa. Directamente insufribles, desde mi punto de vista. Ya me contarán ustedes si les pasa lo mismo o si, por el contrario, su visión es diametralmente opuesta... Y perdonen por generalizar, claro. Repito que hay muchas excepciones, y que mi análisis se refiere al estándar producido por las grandes para un gran público y con perspectiva comercial, que abarca a gran parte de lo realizado... Está claro que también hay cine de autor o mucho más cuidado, pero eso es ya otra cosa...
La cuestión es que, llevando ya décadas de películas de mamporreros, salvapatrias y auténticos mesías estadounidenses, alguno ha empezado a creerse tal papel. Sobre todo porque en tal tipo de propuestas aparece casi siempre un tal presidente de los Estados Unidos que se asemeja más a un Dios que a un cargo sujeto a un mandato concreto por parte de su pueblo y sus instituciones, con claros límites por muy singular que sea tal figura en dicho territorio... Si, además, sumamos a esto lo que nos han aportado los videojuegos, auténticas picadoras de carne donde los fusiles automáticos y los misiles son casi lo menos violento, podemos comprender cómo de anestesiado podría estar el patio en ese país, hablando en materia de libertades, derechos civiles y construcción democrática... Muy en consonancia, claro está, con lo que escupen hoy los teletipos a partir de las declaraciones, ideas y praxis que nos llega del otro lado del charco a propósito de la invasión de no sé dónde, la compra forzosa de cualquier otro lugar o la rabieta de patio de colegio en relación con otro asunto...
Sin embargo, no creo que la sociedad estadounidense haya caído en tal pasividad. Soy consciente del enorme papel que han tenido los Estados Unidos de América en la construcción de muchas de las libertades que hoy disfrutamos, y también de la existencia de pensadores y activistas fuertemente comprometidos con ellas, con una concentración de sabiduría y capacidad verdaderamente impresionante. Otra cosa es que la poderosa industria de los que hoy gobiernan por allá se haga oír por encima de cualquier voz disonante, y que haya que bucear con gran esfuerzo para encontrar poderosas voces fuera del coro dominante, que claro que existen. No olviden ustedes que aquella es una sociedad cada vez más rota, que alimenta una enorme brecha social que cada vez tiene peor pinta, y que puede llevar a tal grupo humano a una verdadera situación de conflicto interno, de posibles consecuencias dramáticas... Mimbres ya existen para el desasosiego...
Con todo, seguimos asistiendo a las bravatas de quien, si no quiere jugar, se lleva la pelota. O del matón que, en cada recreo, se come tu bocadillo. Del que se arroga ser arte y parte, para a la vez embolsarse lo que le parece oportuno vía un negocio que asume como suyo porque él lo vale... A una pretendida ausencia de normas, saltándose cualquier atisbo de legitimidad o de mandato... Y es que... ¿quién es el presidente o cualquier otra institución de un determinado país para exigir determinados derechos sobre otro o para intervenir en realidades que le son ajenas? Sí que es verdad que el Derecho Internacional reserva ciertas prerrogativas para terceros países en algunos casos, pero siempre de forma muy tasada y excepcional. El llamado «derecho a proteger (R2P)», por ejemplo, permite que cuando exista una clara vulneración de derechos humanos por parte de un Gobierno sobre sus nacionales, otra nación pueda intervenir excepcionalmente para restaurar dichas libertades. Pero esto es algo netamente diferente a arrogarse la explotación de petróleo ajeno, por ejemplo, por muy sumiso y complaciente que se haya mostrado sobre ello algún triste consejero delegado de un importante grupo industrial español. No, no se puede plantear ni eso ni el secuestro de cualquier otro dirigente en su territorio, por muy sátrapa que este sea... Y menos cuando se desprecia a la democracia en el país de uno, en el del sátrapa en cuestión y en cualquier otro, o se toleran verdaderos pogromos en Oriente Medio...
«E ti de quen ves sendo, amigo...?», podríamos decirle a la cara a quien quiere decidir cómo los venezolanos tienen que encarar su futuro, sin ser venezolano, con cero legitimidad y sin respetar los procesos democráticos en ese país... Y es que vivimos en una época en el que el papel parece que aguanta cualquier relato pero... lo ocurrido ya roza el surrealismo, la indecencia y la preparación de un futuro incierto, distópico y claramente abominable... Ante ello solamente cabe unión, firmeza, decencia, multilateralidad y un respeto escrupuloso al fondo y a las formas de la acción diplomática y la política. Si no es así, el caos está servido...
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