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Opinión | Shikamoo, construir en positivo

Tragedia, servicio y solidaridad

Hay lugares que en el imaginario colectivo quedan asociados por mucho tiempo, más allá de sus atractivos o características singulares, a acontecimientos que nos perturban e impactan. Sucedió en Angrois, por ejemplo, en cuya curva de A Grandeira aquel tren Alvia se salió violentamente de la vía por exceso de velocidad el 24 de julio de 2013, con un desastroso resultado de ochenta personas fallecidas. Y la historia se repite ahora en la provincia de Córdoba, en Adamuz, municipio en el que estos días se sitúa el foco de la actualidad, después de un nuevo accidente en el sistema ferroviario de alta velocidad en el que se han visto implicados dos trenes de Iryo y Renfe, también con resultados enormemente luctuosos.

Es pronto para saber qué ha ocurrido y qué no, y en cualquier caso tal labor corresponderá a los técnicos correspondientes, que ya están sobre ello y estoy seguro de que no escatimarán esfuerzos y medios para llegar a una conclusión fundamentada y avalada por su conocimiento y experiencia. Mientras, en ese sentido no cabe otra cosa que esperar y acompañar en lo posible a las víctimas y a sus familias. Pero hay otras ideas que se pueden expresar sobre tal tragedia, y a ello dedicaré el resto de esta columna de hoy, miércoles, en una semana sombría desde que el pasado domingo tal triste acontecimiento tuvo lugar.

La primera, la solidaridad exhibida por tantas y tantas personas anónimas que se entregaron desde el principio a ayudar a los demás. Ese es para mí el lado más positivo de lo que nunca deja de ser un desastre, con multitud de vidas truncadas y familias destrozadas. Vecinos del lugar que aportaron cariño, calor, víveres, agua, mantas o acompañamiento o personas que fueron mucho más allá del cumplimiento del deber y de la actividad profesional en su labor de auxilio, rescate y ayuda. Todos ellos, como otras veces en situaciones similares, demostraron que los seres humanos somos capaces de compartir y de ser empáticos. De ejercer una ciudadanía que no solamente suma, sino que también es capaz de multiplicar. Tenemos que estar orgullosos y orgullosas de tantos gestos, grandes y pequeños, que buscan cómo mitigar el enorme dolor de cualquier forma posible. Aquí y en todos esos momentos y lugares en los que es necesario darlo todo.

La segunda, la altura de miras demostrada en esta ocasión, al menos hasta el momento, desde las diferentes administraciones públicas. Sus responsables, por lo que se cuenta, han sido capaces de aparcar sus diferencias y el talante electoralista desde hace tiempo instalado en el día a día hasta extremos insoportables, y han sabido actuar y comparecer unidos esta vez para centrarse en los problemas y en las dificultades. Algo que no tendría que ser noticia pero que, a tenor de lo vivido en otras ocasiones pasadas y recientes, es de agradecer y de poner aquí negro sobre blanco. Porque la política, bien entendida, implica un escrupuloso espíritu de servicio a la ciudadanía, por encima de cualquier otra cosa. Ojalá tal forma de verlo trascienda estos difíciles momentos, y vuelva un cierto grado de concordia y sosiego a nuestras instituciones y a sus representantes. Desde la discrepancia, claro está, y respetando la ideología de cada cual, en un marco de respeto y de cuidado de lo de todas y todos. Ese es el reto, al que yo sigo aspirando por mucho que pueda ser tildado de ingenuo.

Y la tercera, no menos importante, es la relativa al tratamiento de la noticia por parte de los medios de comunicación, que también me está pareciendo exquisito. Y es que, salvo alguna salida de tono puntual y aislada, lo que prima es el respeto al enorme dolor de las personas, por encima de todo, implicando ello el evitar contenidos y enfoques que puedan lastimar, o que no sean procedentes. Una vez más la empatía es fundamental, la capacidad de ponerse en el lugar de las personas afectadas y de centrarse en lo verdaderamente importante.

Nunca se sabe dónde la podemos tener… Esta vez le ha tocado a conciudadanos y conciudadanas nuestros que viajaban en el medio de transporte más seguro, pero que tampoco es perfecto ni exacto… Otra vez los afectados en primera persona podemos ser usted o yo. De lo que se trata es de aprender de nuestros errores para que no se repitan, si es que se identifica alguno en la etiología del suceso, y también de darnos cuenta de qué es lo importante y qué lo accesorio, y vivir en consecuencia. Ojalá el espíritu de solidaridad y servicio y todo el cariño dimanado de la sociedad hacia quien está padeciendo este calvario en primera persona se quede con nosotros. Y es que así, aunque a veces nos sucedan desgracias, podremos hacer siempre la vida mejor y más bonita...

In Memoriam, a las víctimas del accidente de tren de Adamuz, enero de 2026.

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