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Opinión | Crónicas galantes

Las (vacas) rubias no son tontas

A las vacas se las tenía por tontas y más aún si eran rubias como las de raza gallega. Pues va a ser que no. Un estudio de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena ha concluido que estos calmosos animales usan herramientas para solucionar problemas, con astucia solo comprobada hasta ahora en los chimpancés.

La inteligencia de estas reses ha quedado de manifiesto en el caso de Veronika, base de la investigación llevada a cabo en Austria. Veronika, que en las fotos recuerda extraordinariamente a una rubia gallega, es capaz de rascarse el lomo con el cepillo de una escoba, pero no solo eso. Cuando se trata de acceder a zonas más delicadas, como las ubres o la parte anal de su cuerpo, la vaca utiliza en cambio el extremo del palo para «apuntar con precisión al objetivo», según observan los asombrados analistas.

De tan perspicaz manejo de la herramienta deducen los veterinarios que Veronika sabe usar un mismo objeto para diferentes funciones. Dicho de otra manera, es tan lista como un primate, orden de la fauna al que pertenecemos los seres humanos.

El caso de la vaca austriaca, que en realidad es suiza y de raza parda, tiene sus peculiaridades. Se trata de un animal de compañía que, en su condición de mascota, está libre de la amenaza del matadero. Tan estrecha es la relación con su dueño que reconoce su coche y muge con estruendo cuando lo ve o escucha llegar.

A nadie ha de sorprender esto en Galicia. Aquí se trató históricamente a las vacas como miembros de la familia que a menudo convivían con los humanos en la misma casa. Era entonces —ahora menos— un animal totémico al que se bautizaba con nombres familiares como Marela, Pinta, Gallarda, Pichona, Blanca, Marquesa o Rula.

Quizá ya no se use tanto ese hábito. Las explotaciones ganaderas se han tecnificado lo bastante como para despersonalizar a las reses con un crótalo en la oreja y un código de barras.

Eso no quita que la tradición de afecto a las marelas se mantenga todavía con un concurso de la tele gallega en el que cada año el público elige a la vaca de porte más galano entre todas las participantes.

Nada impediría a la ahora famosa Veronika triunfar en ese certamen, de no ser porque es austriaca de residencia y suiza de origen. Después de todo, los suizos son gallegos con menos acento, pero igualmente partidarios de la neutralidad y tan desconfiados del Gobierno como los propios galaicos.

Gran hallazgo, en todo caso, el de que las vacas son seres inteligentes. Acá por Galicia ya las tratábamos como tales sin más que observar el aire filosófico con el que rumian sus pensamientos mientras descansan en el prado. Los veterinarios de Austria se han limitado a confirmar esa vieja sospecha. Ni las vacas ni las rubias son tontas como sugiere el estereotipo habitual. Aunque también apreciemos su carne, como es lógico.

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