Opinión | Shikamoo, construir en positivo
Apuntes en torno a una necesaria regularización…
Andan estos días los mentideros políticos un tanto alterados, con grandes declaraciones al respecto a favor y en contra, en torno a la regularización aprobada ayer por el Consejo de Ministros para personas inmigrantes con cinco meses en España y que puedan acreditar que carecen de antecedentes penales. Dedicaré esta columna a intentar reflexionar sobre ello, tratando de ver la noticia desde todos los puntos de vista y llegando a una conclusión, que también compartiré con ustedes. Ya me dirán si están ustedes de acuerdo con ella o no y por qué…
Es verdad que uno de los aspectos más criticados de la medida propuesta es su advenimiento vía Real Decreto, sin que esta pase por el Congreso. He oído decir a alguno de los dirigentes del Partido Popular que ellos aspiran a una Ley sobre la cuestión, con mayúsculas y bien engrasada, no tanto fruto de la prisa. Bueno, pues si es así en eso puedo estar de acuerdo. Y es que, para mí, el tema merece un tratamiento importante, coherente, objeto del mayor consenso posible y con resultados sostenibles en el tiempo. Y esto, por dos motivos. El primero, y más importante, por respeto a las personas que se nos acercan desde otros contextos nacionales. Y el segundo, y no menos relevante, por el enorme rol que tienen hoy las personas inmigrantes en nuestra economía y nuestra sociedad. Así, sin paliativos…
Pero también oí decir a ese mismo dirigente, por ejemplo, que para él la barrera de solo cinco meses de residencia aquí era escasa, ya que con ello las personas inmigrantes podían no conocer efectivamente el idioma… El interviniente quería llegar a algo así como a que si una persona no conoce el idioma —para ese responsable, el castellano— entonces no podría vivir entre nosotros… No puedo estar de acuerdo, aunque solamente sea por coherencia con la realidad… Y es que son miles los ciudadanos británicos, alemanes o chinos que viven legalmente aquí y que no se defienden ni en castellano ni en cualquier otro de los idiomas oficiales en el país. Y, miren… no pasa nada, en estos tiempos de mundialización y revoltijo. Lo mismo ocurre con algunos profesionales especializados, por ejemplo, a los que nadie pone pegas por el idioma… Decía además el dirigente popular aludido, visiblemente molesto, que sin el idioma esas personas no pueden defenderse en el supermercado… Quizá no haya tenido una experiencia como la mía en Girona, donde entré en establecimientos en los que únicamente se hablaba en alemán… ¿Y a esos ciudadanos extranjeros también propone echarles este señor?
Creo, como el Gobierno, que es preciso regularizar a las personas que están entre nosotros. Regularizar no significa dar la nacionalidad, sino asumir que están y darle carta de naturaleza y de legalidad a su estancia aquí, en principio durante un año y abriendo la puerta a la residencia definitiva. Y creo también que, de tal medida, solamente nos pueden venir cosas buenas. Algunos aducirán que hay delincuentes entre tales personas… Pues, puede ser, pero con ellos la Ley tendrá que actuar… exactamente igual que con los delincuentes que hay entre los españoles de toda la vida… Y es que hay que romper claramente ese bulo casposo, interesado y trasnochado que equipara directamente a personas inmigrantes con delincuencia. Una idea a la que desgraciadamente desde ciertos nichos políticos se da pábulo como forma de obtener réditos electorales… Pero que es falsa, queridos y queridas, establecida como una categoría absoluta y general. No podemos consentir, intelectualmente, que se siga abundando en lo contrario. Y menos en esta tierra en la que somos campeones en buscar las lentejas allá donde tuvimos oportunidad… ¿O no?
Es por todo ello, y por mucho más, que creo que es bueno poner negro sobre blanco el estado real de las cosas, y dar un cauce legal a tantas y tantas vidas. De medio millón a 800.000, dicen. Personas que ya están aquí y que, de alguna manera, van a poder empezar a organizar esta etapa con otras miras y con otro nivel de sosiego y esperanza. Y eso no puede incomodar a nadie de bien, digo yo. Estoy convencido de ello.
Hoy, 28 de enero, es el día dedicado a Tomás de Aquino, que entre otros muchos logros nos acercó muchos de los textos originales de Aristóteles y su interpretación… Es por eso que creo que lo que escribamos, digamos y pensemos ha de superar cierto nivel, tanto desde el punto de vista intelectual como del moral. Por eso me he hartado de leer algunos de los comentarios que la noticia suscita, y no solamente de personas anónimas, sino de otras bien relevantes y conocidas… Lugares comunes, desinformación, mentiras y sesgos con tintes racistas se mezclan con intereses concretos en todo ello. El problema es que, silenciosa y calladamente, esos pueden ser los mimbres de una verdadera bomba contra el civismo, la democracia y la convivencia… Y, si no, que se lo pregunten a Donald Trump… ¿De verdad que queremos el embrollo de Minnesota aquí? Señor...
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