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Opinión | Shikamoo, construir en positivo

Bad Bunny, los prescriptores sociales y los derechos humanos

En materia de gustos, y en particular de gusto musical, se pintan colores. A unos nos apasiona un corpus musical, un autor o intérprete, y a otras personas otros distintos. Y esto a pesar de que es ya evidente a ojos de la ciencia que determinados ritmos nos cautivan por su cadencia, exactamente igual que ciertas proporciones en el caso de la pintura. Pero sí, cada uno y cada una tenemos nuestros favoritos y nuestras preferencias y, al tiempo, una inmensa nómina de músicas y músicos que o bien nos dicen menos o, directamente, chocan con el estilo que nos interesa y hasta conmueve.

Nunca me ha gustado la música de Bad Bunny, y como tal así lo he expresado cuando se me ha preguntado. Ni su estilo ni su peculiar forma de cantar. Pero lo que está claro es que hay otras muchas personas, muchísimas, que sí se sienten atraídas por su propuesta. Y tanto es así que estos días pasados su victoria en los Grammy fue rotunda, convirtiéndose en el ganador de la noche junto con el también laureado intérprete de rap Kendrick Lamar. Y es que, por una parte, y por primera vez en los sesenta y ocho años de historia de estos premios, el Grammy al Mejor Álbum del Año fue para una obra íntegramente en español, Debí tirar más fotos. Pero, por otra, esta no ha sido la única alegría de Benito Antonio Martínez Ocasio, nombre real de Bad Bunny. No, ya que en la misma gala cosechó los galardones al Mejor Álbum de Música Urbana y el de Mejor Interpretación de Música Global, con EoO. Todo un éxito, que se suma a muchos otros anteriores, y que sitúa al cantante hoy como amplio referente no solamente ya en el ámbito de la música latina, sino de forma mucho más general y absoluta. Es ya un fenómeno musical, aunque a mí siga sin llamarme la atención.

Pero si Bad Bunny o esta referencia a la entrega de los Premios Grammy están en esta columna, como ya habrán intuido, no es por su música. Escribo sobre todo ello por la otra vertiente que saltaba con fuerza a la palestra en esa noche del 1 de febrero en el Crypto.com Arena de Los Ángeles, que no puede ser otra que una potente denuncia a lo que está ocurriendo en los Estados Unidos en materia de inmigración. Y es que Bad Bunny dedicó su premio a las personas inmigrantes y con un contundente «Fuera ICE», quiso manifestar su horror y su denuncia ante las atrocidades cometidas por la deriva totalitarista y contraria a los más elementales derechos humanos de su Gobierno y, más en concreto, por su presidente.

Ante ello, no puedo más que felicitar al cantante por su compromiso claro y sin ambages. Algo que, por si no han reflexionado sobre ello, es más que oro líquido. En efecto, la capacidad de influencia de los prescriptores sociales es enorme, yo diría que cada vez mayor, y estos tienen la posibilidad de aportar valores, ideas, prácticas y creencias al imaginario colectivo muy por encima de quien aborde los mismos desde una óptica más activista, académica o intelectual. Algo que no deja de ser sorprendente, por supuesto, pero que no por ello es menos real, en muchísimos campos. Y es que, tomen nota, si un jugador de fútbol muy conocido advierte sucintamente sobre el riesgo de una sobreexposición al alcohol, por ejemplo, el impacto de sus palabras en determinados segmentos de la sociedad y particularmente en el público más joven será infinitamente mayor que si lo mismo, de forma fundamentada, de forma pedagógica y bien referenciada, lo expresa un muy reconocido hepatólogo o un investigador de referencia en dicho campo. No le veo mucha lógica, pero así es. Supongo que tiene que ver con la necesidad de muchas personas de tener iconos claros a quien seguir y tratar de imitar, junto con la simplificación actual de casi todo y la apuesta por el mensaje corto y audiovisual frente al ensayo, el tratado o la argumentación compleja… Es lo que hay.

En cualquier caso, como les digo, un éxito para la causa. Y muchos más que se tienen que producir, porque la aparente impunidad con la que se están conculcando derechos fundamentales en Estados Unidos hoy está situando a dicha sociedad al borde de la fractura social. Bueno, eso y la pobreza enquistada y la enorme desigualdad presente en dicho macropaís en casi todos los órdenes. Lo que está claro es que se le están viendo las costuras a quien no tiene reparos en lacerar derechos y destruir, sea en su territorio o en el de terceros, desde las estructuras del Estado. Pero no olvidemos tampoco que la rica, compleja y diversa sociedad de Estados Unidos, frente a su estigma de estulticia y simpleza reflejada en sus actuales gobernantes, cobija también amplias capas pensantes y promotoras de muchos de los avances sociales y culturales en el mundo… Una sociedad que, espero, ha de seguir teniendo una potente capacidad de regeneración vista en otros momentos de la Historia y que, a mi juicio, se está evidenciando hoy ya.

Por todo ello una felicitación clara para Bad Bunny y lo que representa en este momento, que es compromiso, honestidad, fuerza, valor y esperanza…

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