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Opinión | El mar alrededor

Carney ante el desorden mundial

Davos acabó hace ya un par de semanas, pero el resplandor que emitió en la cita económica y de alta política el primer ministro canadiense, Mark Carney, no se apaga. Cómo no íbamos a alimentar el fuego de sus palabras, en un mundo que necesita ideas y nuevas vías para desescalar la tensión de un tablero internacional cada vez más crispado.

Carney representa a una potencia amenazada, en el patio trasero de los Estados Unidos de un Trump que mueve fichas geopolíticas como en un casino, con sus faroles incluidos. Y desde Europa es natural que miremos con atención los gestos y dinámicas de otros gobiernos metidos en el atolladero de relacionarse de tú a tú con la amenaza arancelaria y los deseos expansionistas estadounidenses.

Pero mostrar con el dedo un camino a seguir poco explorado, el de las potencias medianas, la autosuficiencia y las alianzas cruzadas y poco dependientes, es una cosa, y avanzar en esa senda es otra bien distinta.

Las primeras voces que rebajan la euforia que despertó el discurso de Carney alertan de que medias potencias funcionales de hoy en día como Arabia Saudí, Catar o Singapur funcionan de forma interna con un modelo político muy diferente al de la vieja Europa, difícilmente exportable, e incluso contradictorio con valores defendidos en Occidente. El think tank australiano Lowy Institute, por ejemplo, ha cuestionado el peso real de las potencias medianas en las que Carney deposita su confianza, por entender que al final pueden verse atrapadas entre grandes bloques y acabar cediendo por autoprotección. La autosuficiencia individual y las coaliciones basadas en temas concretos solo pueden llegar hasta cierto punto, señala a modo de advertencia, e incide que que las coaliciones medianas «no pueden proporcionar la regulación verdaderamente global que se necesita» ante la perspectiva de una proliferación nuclear en Europa y Asia Oriental o debates proteccionistas con intereses comerciales detrás en un contexto de lucha ambiental. En todo caso, y dejando de lado tanto a entusiastas como agoreros, será la puesta en práctica del discurso de Carney la verdadera prueba del algodón de la solidez de su planteamiento. Carney solo puso palabras a los aires de cambio que ya operan en la diplomacia, y si Ursula von der Leyen cerraba hace solo unos días el esperanzador acuerdo estratégico comercial de la UE con India, no fue una casualidad.

El mismo Carney da sus primeros pasos firmes para validar con hechos su filosofía en unas semanas, con un viaje oficial a Australia donde pretende coordinar acciones en materia económica y de seguridad con otra de las potencias medianas, en el escenario del Indo-pacífico, y parte de su agenda pasa por una intervención muy esperada en el Parlamento australiano.

Canadá ya tiene un acuerdo sólido de libre comercio con el país de las antípodas, pero aún hay camino que recorrer en un sector tan estratégico como el de los minerales críticos: las dos potencias pusieron en octubre las bases para explorar mejoras conjuntas, pero la hora de la verdad será cuando haya hechos y no solo palabras.

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