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Opinión | EDITORIAL

Nacimientos en A Coruña: un problema de futuro

Un bebé en el carrito.

Un bebé en el carrito. / Carlos Pardellas

A Coruña rompió en 2024 una década de descensos continuados en los nacimientos registrados en sus hospitales, una tendencia que evidencia el problema demográfico que se extiende no solo al resto de Galicia y España, sino a una envejecida Europa. De acuerdo con los últimos datos disponibles del Instituto Galego de Estatística (IGE), durante 2024 se notificaron en la ciudad 1.411 alumbramientos, un repunte de 33 más que el ejercicio anterior, mínimo aumento, pero suficiente para poner fin a diez años de balance negativo. Aun así, el dato resulta preocupante, pues se encuentra lejos de los 2.259 de 2022, el pico de las tres últimas décadas.

Estas estadísticas revelan la existencia de factores que frenan la natalidad de nuestra sociedad, a pesar del tímido incremento del citado ejercicio. La falta de estabilidad laboral y los bajos salarios por parte de los jóvenes, el precio de la vivienda, el adelgazamiento de la pirámide invertida en la zona de menor edad... son algunos de los factores que explican la situación actual. De hecho, esta misma semana conocimos un dato alarmante sobre las perspectivas de futuro de las generaciones más jóvenes. Casi una de cada diez parejas de gallegos de entre 25 y 34 años vive con los progenitores de uno de los dos debido a las dificultades económicas para acceder a un piso.

Durante los últimos años se han escuchado mensajes constantes sobre las necesidades de acometer políticas para paliar estos problemas y generar una sociedad más dinámica que cuente con una población joven capaz no solo de aportar al progreso, sino con ciertas garantías de emprender un proyecto vital que no se base en condiciones precarias.

Mientras la natalidad se mantiene en mínimos y cada vez existen más parejas que viven con sus padres, los datos macroeconómicos muestran un comportamiento robusto y el desempleo se sitúa en niveles no vistos desde la década de los 2000, antes de la caída de Lehman Brothers que desencadenó un cataclismo en las finanzas mundiales a partir de 2008.

Esta paradoja debería centrar el debate público. Algo está fallando en esta sociedad de mercado para que cada vez mayor número de trabajadores carezca de rentas suficientes para disponer de un hogar con unas condiciones mínimamente aceptables y de capacidad para tener hijos.

La vivienda constituye, en este sentido, un problema capital de esta sociedad. Los anuncios de promociones de pisos protegidos han alentado la esperanza de disponer de un techo a un precio asequible, como muestran los datos del registro de demandantes de vivienda protegida, que desde abril pasado se dispararon un 70% en la ciudad, rozando ya los 6.000 inscritos.

La prosperidad de una sociedad se basa, precisamente, en crear el entorno propicio para que sus ciudadanos construyan un proyecto vital sólido y de futuro. Solo así podrán remontar unas cifras de natalidad que, de mantenerse como ahora, dibujan un horizonte negativo.

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