Opinión
El progreso y la espera
El equipo de investigadores oncológicos que lidera Mariano Barbacid anunció hace pocos días un logro inaudito. En un ensayo con ratones y mezclando hasta tres fármacos, el cáncer de páncreas había desaparecido por completo de la cuarentena de animales sometidos al estudio.
En los días posteriores al gran anuncio, en estas mismas páginas ya se ha informado de que, antes de que se pueda pasar al ensayo clínico en personas, el equipo de investigadores deber superar otras fases y hacer más pruebas en otro tipo de ratones. Eso no ha evitado que familiares de personas enfermas se hayan propuesto con cierta urgencia para los ensayos. ¿Quién no tiene urgencia en temas de salud? Y más aún con enfermedades raras o tan difíciles de curar como el cáncer de páncreas.
La ciencia necesita tiempos demasiado lentos para los que no somos científicos. Si su salud depende de algún desarrollo científico y sigue con cierto interés los avances que se dan, ya sabe que uno tiene que ajustar el foco para ver bien. Dejarse deslumbrar por un exceso de fe es como no tener ni una velita para iluminar: no ves bien y eso sólo te garantiza dolorosos golpes en la espinilla.
En la literatura es fácil encontrar respuestas. Y refugio. «Ya sé mucho más, pero, a cambio, sin ninguna seguridad«. Es un verso de la poeta polaca y premio Nobel de literatura en 1996 Wislawa Szymborska que —inténtelo— puede aplicarse a lo largo y ancho de la vida y siempre funciona. Por ejemplo, cuando un médico puede explicarte con precisión qué está pasando en tu cuerpo, pero no puede decirte cómo acabará. Cuando conoces todas las variables del embarazo, pero no sabes cómo será ese hijo que viene. Cuando una relación se ha pensado y hablado hasta la extenuación y, aun así, puede terminar de un día para otro. Más cotidiano todavía: te preparas para hacer una paella con un buen arroz, caldo casero, pescado fresco. Sabes exactamente qué toca hacer, lo has hecho otras veces. Y, aun así…
Funciona también cuando sabemos más que nunca sobre el mundo —el clima, las guerras, los riesgos globales— y, paradójicamente, nos sentimos más frágiles. Saber más no equivale a estar a salvo. Nos da herramientas, lenguaje, contexto, pero no nos libra de la incertidumbre. La ciencia avanza afinando preguntas sin garantizar finales. Sabemos más, pero sin ninguna seguridad.
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