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¿Voto de cabreo?
En Aragón se votará en un clima de agravio e impotencia, tras los 47 muertos de los graves accidentes de Adamuz y Gelida
Me gusta comprar la prensa francesa a primera hora. El viernes Le Monde (izquierda) abría así: «Epstein: un escándalo con ramificaciones mundiales». Y Le Point, conservador: «Epstein hace temblar a América». ¿Por qué un ministro laborista, Peter Mandelson, próximo a Tony Blair, le sopló a Epstein cómo un relevante banco americano podría evitar pagar un nuevo impuesto británico? ¿Por dinero y gracias a la proximidad en fiestas sexuales con menores? No sé qué hay de cierto, pero es un gran escándalo. Y el ciudadano puede concluir que este mundo es sucio e injusto. Y sentirse agraviado con los ricos y los poderosos. ¿Este incubado sentimiento de agravio ayudó a la segunda victoria de Trump?
Paso a España. Tras el accidente del AVE en Adamuz y el de Gelida domina la sensación de incertidumbre y de fracaso. Y con 47 muertos, incluidos dos maquinistas, el sentimiento de agravio es muy general. ¿No era el AVE el gran ejemplo de la modernidad española? Aparte de Cataluña —donde, desde hace años, Rodalies (Renfe) es sinónimo de ineficacia—, ¿por qué el trayecto del AVE Madrid-Barcelona va a durar 25 minutos más hasta final de año, si aún estamos en febrero? El ministro Puente —tenga o no culpa— no domina la situación y los maquinistas —la seguridad es prioritaria— creen que la respuesta adecuada es una huelga de tres días la próxima semana. Los usuarios tendrán así un castigo extra y los ciudadanos quedarán más apabullados. ¡Pagamos impuestos —casi como europeos— y no podemos confiar en los trenes! Además, el caos ferroviario tendrá consecuencias económicas.
Y en Aragón se vota el domingo. En la campaña, el PP ha acusado a Pilar Alegría —la candidata socialista— de haber almorzado con Paco Salazar, un dirigente del PSOE acusado de acoso sexual y sancionado por Ferraz, aunque sin ninguna denuncia en los juzgados. Y Alegría se ha mostrado «tocada». Pero una exclusiva de El País —con honores de portada— ha dicho que una concejal del PP fue acosada por el alcalde de Móstoles —el actual, no el de la guerra contra José Bonaparte— y que Isabel Díaz Ayuso, que ha estado en la campaña de Aragón, hizo repetidos oídos sordos. Parece que el PP y el PSOE —o el PSOE y el PP— se atacan para ver quién es más cómplice con los acosos sexuales —probados o no— de algunos de sus dirigentes. Y todo después de que Sánchez se beneficiara (Feijoo dixit) de «las saunas» de su suegro, muerto hace años.
Y, mientras el cambio climático castiga a Andalucía, el domingo se vota en Aragón. Con además Epstein, los muertos de Adamuz, y el alcalde de Móstoles y los almuerzos de Pilar Alegría, como telón de fondo. Tengo la impresión que los electores van a ir a las urnas —los que vayan— con una sensación de agravio e impotencia contra el caos ferroviario y el bloqueo general. Y Jorge Azcón, el presidente de Aragón y candidato del PP, al que todas las encuestas dan como destacado ganador, lo confirma cuando declara en la portada de El Mundo —también el viernes— que «el cabreo de la gente puede servir para gritar como Vox o ser útil como el PP».
El cabreo. Habrá que ver los resultados. Pero las encuestas dicen que la extrema izquierda (partida en tres listas) no subirá, que el PSOE perderá muchos votos y puede caer de sus 23 escaños a 18, o aún menos. Sería su mínimo histórico. Y que el PP va a subir y ganar las elecciones —con votos provenientes del PSOE y de los regionalistas—, pero no mucho (de 28 a 30 diputados). No alcanzaría así la mayoría absoluta de 34, porque votos suyos emigrarían a Vox, que puede saltar de 7 a 13 o 14 escaños, en lo que parece un desplazamiento del electorado de la izquierda a la derecha y de la derecha a la extrema derecha.
Sánchez recibiría así otro sopapo, con una de sus ministras más emblemáticas, derrotada. Y Azcón se quedaría sin la mayoría absoluta, motivo del adelanto electoral. Como María Guardiola en Extremadura. Y Abascal —en la ola Trump— pondría cara de satisfacción.
¿La protesta contra la sensación de desorden y de bloqueo alimentan a la extrema derecha —fenómeno Trump—, como sucede en otros países? Puede que no sea así. Lo preferiría. Pero temo que, tras los resultados, Sánchez y Feijóo deban ir al rincón de pensar. Y me temo, aún más, que no quieran hacerlo.
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