Opinión | Shikamoo, construir en positivo
La sardina que no sentó cátedra
El profesor suspiró, porque no podía calificarse de otra manera su mezcla de resoplido de resignación, con cierta cara de sorpresa. Se apresuró a auxiliar al chaval, intentando que las cosas no se complicasen todavía más. Las sardinas, pescadas aún hacía escasas horas, estaban cuidadosamente depositadas en una batea o bandeja encima de la impoluta mesa del laboratorio, al lado del escalpelo, algunos portas y cubres y cerca de la lupa. Todo ello, en su pulcritud, contrastaba con el charco de vómito que tapizaba las escasas baldosas libres de las zapatillas deportivas de los compañeros del chico que se había sentido mal. Y es que ahí estaba todo el grupo, un tanto apiñado hasta ese mismo momento, intentando conocer más en detalle los matices del cuerpo del pescado, cuando el mero tacto del mismo había producido las arcadas… Otro resoplido más del profesor, que encargó a alguien que fuese a por la fregona, el cubo y una buena dosis de detergente…
La idea era que los chicos y las chicas no se quedasen en la teoría, y viesen por ellos mismos las estructuras propias de ciertos peces. De la sardina europea o sardina común (Sardina pilchardus) más en concreto, una especie del orden de los clupeiformes, de la familia Clupeidae y única en su género de las sardinas. Estrechamente emparentada con boquerones y arenques, por cierto, y bocado extraordinario cuando, allá por el comienzo del verano, se dice que «molla o pan»… El profesor entendía que esa era la mejor forma de que se produjese un aprendizaje real, mucho más allá de los procedimientos memorísticos o de la contemplación de un dibujo o una fotografía. Al fin y al cabo, la Biología era una ciencia experimental, junto con la Física, la Química o la Geología, y era bueno llegar a conclusiones propias a partir de la observación y la experimentación, ¿no? Por eso había hecho el esfuerzo de comprar él mismo el pescado aquella mañana, llevar a todo un grupo sin desdoblar al laboratorio y, en lo posible, ponerse a la tarea...
Pensaba que el alumnado habría visto otras muchas veces sardinas, y estaba seguro también de que en general ellos y ellas las habrían comido muchas veces, o incluso pescado, y más en un lugar como aquel, villa marinera y volcada al mar. Pero o no era así o se había producido una cierta división conceptual entre el encontrarse el bocado en el plato o en el anzuelo, por una parte, o el considerar un animal en una batea a punto de ser diseccionado… No sabía bien cuál era la causa pero, en cualquier caso, el vómito de aquel chico solamente había sido el incidente más exagerado, pero otros muchos más habían sufrido náuseas y hasta episodios de ansiedad… Fue imposible continuar con lo que le había parecido una buena idea en aquella sesión del fin de la mañana del jueves, en que estaba previsto lidiar con branquias, escamas y opérculos...
La clase con ese grupo, como siempre acontece hoy en día casi con cualquier otro, es en todo momento una especie de circo de cinco pistas… A la vez que hay que cuidar la línea general de progreso y aprendizaje, varios chicos y chicas tienen características personales que implican necesidades educativas especiales… Esto, traducido a la práctica pura y dura, significa adaptaciones curriculares individualizadas, tener que ir a un ritmo con unos y a otro con otros y atender, a la vez, determinados patrones de comportamiento disruptivo, estar atento a los conatos de conflicto y hasta acoso que periódicamente aparecen y otras cuantas tareas más… Y no es fácil, no. Nada fácil… Y mucho menos cuando uno se implica personalmente en el aprendizaje de su alumnado en ese año y de cara a lo que venga más tarde, estando a su disposición de una manera notable e incluso diríamos que sobresaliente… Y la clase práctica, con múltiples tareas prácticas y hasta minuciosas y un grupo demasiado amplio, es más compleja aún si no hay posibilidad —recursos de profesorado— para dividirlo por la mitad para tales menesteres, como era costumbre hace tiempo ya.
Finalmente el profesor limpió el suelo, para evitar que a los compañeros —y, más bien, compañeras— de la limpieza se les juntase el desaguisado diario con un regalo extra, y vio que el timbre estaba a punto de sonar. Pidió al alumnado que volviese a su aula ordinaria, y todos cuantos nos cruzamos con ellas y ellos pudimos distinguir su semblante pálido y, al tiempo, una animada conversación en que no faltaban las palabras «asco», «olor» y «mareo»… en vez de «Naturaleza increíble», «soluciones formidables» o «magia de vivir y conocer».
Es importante conocer de primera mano el mundo del que somos parte, y me consta que hay muchos profesores y profesoras que rizan el rizo para encontrar cómo conectar con su alumnado y, al tiempo, presentarles conceptos complejos de una forma didáctica, amena y rigurosa. Una labor callada y rigurosa, que apenas sobresale y que se verifica cada día en miles de centros escolares… Ojalá todo ello, en tiempos de remar contra una corriente general que cuestiona el conocimiento y que anhela solamente su envoltorio, sirva para algo… ¡Sí, ojalá!
- Una hostelera de Oleiros sufre un desmayo en su local y se queda sin baja laboral por ser autónoma
- Las alternativas para entrar y salir de A Coruña durante el corte total de A Pasaxe durante una semana
- La multinacional japonesa Resonac resucita la antigua parcela de Alu Ibérica en A Coruña, junto a Marineda: los trabajos empiezan este cuatrimestre
- El local de A Coruña que ha logrado el bronce a la mejor hamburguesa de Galicia: 'Vendemos 1.500 al mes
- El auge de las lavanderías en A Coruña hace que pasen de solución puntual a rutina semanal: 'Hay gente que ya no tiene lavadora en casa
- Comienzan las obras de 94 pisos protegidos en Xaz, con precios desde 199.000 euros: 'Es un ejemplo que ojalá se copie en otros sitios
- Arteixo rescatará el aparcamiento de la playa Repibelo después de 20 años
- Rechazado el traspaso de la licencia de un pub de A Coruña porque fue falsificada
