Opinión
¡Feliz San Valentín!
Feliz San Valentín, queridos y queridas. Una fiesta dedicada hoy al amor entre enamorados, sobre todo, pero que no deja de ser una estupenda ocasión para reivindicar todo tipo de afecto y cariño. El que está presente en la amistad, por ejemplo, pero también en el parentesco o en cualquier otra forma de sentimiento mutuo entre las personas. Al fin y al cabo, amigos y amigas, en estos tiempos que corren estamos faltos de apegos y de empatía, de respeto y reciprocidad en todo ello más allá del utilitarismo. Es por eso que esta fecha o cualquier otra es una excusa maravillosa para manifestar nuestra fe ciega en el amor con mayúsculas, que no pide nada a cambio y que tampoco fuerza ninguna situación más allá del mutuo respeto y la concordia.
Hoy quizá podría perderme, y ganas no me faltan por lo interesante que es lo que he ido leyendo sobre ello, en los recovecos de las diferentes historias y leyendas hilvanadas en torno a San Valentín y sobre el significado de este día, incluyendo la conexión de esta fiesta con las extintas lupercales. Porque esta jornada mágica tiene mucho recorrido a lo largo de los siglos, tanto como fiesta litúrgica en tiempos en los que eso marcaba verdaderamente la vida común, y que tiene su principal origen en la figura de San Valentín de Roma casando a soldados con sus prometidas en las mazmorras de las cárceles del imperio cuando el cristianismo fue prohibido por Claudio II, como en su versión más laica. Sin embargo, déjenme que me quede solamente en la mención de tal onomástica, hoy un tanto mantenida a pulso por el comercio, sobre todo, con el fin de hacer caja, y que pase a otra cosa que, miren por dónde, tampoco está tan desconectada de todo lo expresado hasta ahora…
Les cuento… Todo surgió hablando con un grupo de chicos y chicas de quince a diecisiete años, en el transcurso de un día diferente, de celebración del Carnaval. Ellos insistían en que únicamente sonase música de reguetón, porque afirmaban que eso era lo único actual, y que todo lo demás no les gustaba. Y yo, en el otro bando, protestaba diciendo que es imposible, por simetría, que alguien renuncie a todo lo construido hasta ahora durante siglos y siglos, y que nada de eso le satisfaga. Es más, proseguí, si esto se verifica así, será por desconocimiento de todo lo que existe y está disponible, ya que son tantos los estilos, variantes y tipos de música desarrollados por las personas durante tanto tiempo, que no puede ser creíble que a uno no le guste nada de nada.
Tengo que confesarles que fue imposible discutir sobre la cuestión... Mis interlocutores, cerrados en banda, se rindieron únicamente a Bad Bunny y otros intérpretes del mismo género, y consideraron que no tenía demasiado sentido seguir teorizando sobre la cuestión, con lo que ya imaginarán ustedes lo que siguió sonando... Pero, antes de claudicar, afirmé que estaban poniéndose en la misma posición, con su actitud, que quien ante la audiencia de un programa con notable tirón mediático afirmó que nunca leía porque, además, no necesitaba los libros… ¿De verdad que ningún tipo de libro, de absolutamente nada? Puedo entender que alguien no quiera profundizar en un determinado tipo de ficción o en otro, quizá en algún ámbito de ensayo o en determinados tratados técnicos y muy específicos o yo que sé en qué…. Pero… ¿nada de nada? ¿Nada de todo lo que construyeron miles y miles de seres, avispados e inteligentes, que nos donaron su cultural legado? ¿Nada de poesía o de teatro? ¿Nada de literatura ni ensayo, y tampoco nada de rock, de jazz o soul, de pop o de música de cámara o sinfónica? Y, curiosamente, quedándose solamente con lo que es tendencia hoy y se nos mete por los ojos hasta la saciedad utilizando todas las técnicas de la más moderna mercadotecnia… ¡Qué raro!
Les decía, además, que lo que les cuento y el día de hoy están un poco relacionados… Porque, ¿no es también un acto de amor, a la postre, el interés por lo que nos cuentan los demás, valorándolo, sea a través de las letras o el arte en cualquiera de sus facetas? ¿No es fundirnos empáticamente el gozar de lo escrito a través de los siglos o de las últimas décadas, o ser capaces de admirar la Suite número 3 de Bach, el coro de Nabuco, lo más granado de Serrat o Mari Trini y, a la vez, poder tener tiempo para ver qué dice el hoy laureado y de moda Bad Bunny? Yo creo que sí… ¿no? Y no quedarse únicamente con lo recién salido del horno, siempre...
En fin… Feliz San Valentín, amigos y amigas, desde una perspectiva ecléctica, amplia y abierta… ¡Viva el amor, en todas sus facetas!
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