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Opinión | La Pelota no se Mancha

Carlos Miranda

Carlos Miranda

Responsable de área de Deportes

El peligro para el Deportivo de jugar con un equipo tuerto

Hay una pieza suelta en ataque, no encuentra el engranaje

Castellón - Deportivo

Castellón - Deportivo / Fernando Fernandez

Casi nada queda de aquel Zakaria Eddahchouri que, allá por septiembre, tocó cuatro balones y metió tres goles en Vitoria. Todo en poco menos de un cuarto de hora. Tan impactante como irreal si se atiende a ese delantero consumido por las dudas que jugó en Castellón. Entonces cogía su escopeta imaginaria y disparaba feliz a la grada, se colgaba a hombros a Mario Soriano y se multiplicaban los chascarrillos que con aquello del Percebeiro. Plenitud. Ya entonces el holandés era ese jugador al que le cuesta ganar duelos a los defensas y que parece no llevarse del todo bien con la pelota. Pero en aquel ecosistema perfecto, semejaba un ariete de otra dimensión, un 9 acorde a un equipo de ascenso directo. Pelota orientada y latigazo. Control y gol. Pim, pam. Todo muy masticable. Unos meses después, ni rastro de él. Ni de él; ni del Mulattieri que remataba poco, pero que hacía florecer el fútbol a su alrededor; ni del Stoichkov que atesoraba aún una parte de ese jugador franquicia del Eibar, de ese jugador dominador de una Segunda no muy lejana en el tiempo.

Las carencias estaban ahí y han hecho el resto el propio agujero en el que se han metido ellos y esa dinámica de juego del propio Dépor que, por momentos en esta temporada, les ha hecho vivir en una anemia continuada. Agotados. Simplificar el juego, hacerlo más rudimentario, cuando llegaron las primeras curvas de toda la temporada, les dosificó el alimento y se han debilitado, se han deshilachado. Son nada ahora mismo. Es cierto que ellos tampoco se han reivindicado en esos tiempos de mínimos que Antonio Hidalgo lleva semanas queriendo dejar atrás. El famoso volumen de juego en el que Riki es una piedra filosofal y angular, aún por descifrar y encajar. Mucho por hacer cuando queda un tercio de esta Segunda División.

O el Dépor encuentra en Abegondo un 9 que le aporte o la decisión de no traer a un ariete en enero oscurecerá el mercado

Y el problema es que el Deportivo se encuentra en febrero sin un delantero centro titular. Nada. Un equipo tuerto, mutilado. Entre sus propias carencias y circunstancias, cuesta encontrar a alguno de los delanteros que tiene en la plantilla que pueda darle soluciones ahora mismo al equipo. En Castellón, con todas las peculiaridades que tuvo ese partido, se notó esa desconexión. Algo se rompió hace tiempo y no hay manera de arreglarlo. Había una pieza que saltaba una y otra vez en Castalia en un engranaje ya de por sí forzado por la exigencia orellut, inigualable en la categoría. Ni soluciones por arriba ni por abajo ni en continuidad ni en el remate. Un desastre, no el único.

Hace dos semanas que cerró el mercado de fichajes y el balance se oscurece porque el Dépor dejó a un lado contratar a un delantero cuando los avisos eran evidentes. Los neones estaban ahí. Ya sea por nivel o por momentos de juego, no tiene soluciones internas a esa punta de lanza y no parece cerca de poder rehabilitarlos de aquí al final de la liga. Se hace insostenible la decisión de no haber hecho un movimiento en la delantera, más allá de las dificultades inherentes a un mercado, el de invierno, menguante, caro y con la oferta escasa. ¿Era Karribakuru la solución? Nadie lo podrá saber porque no tiene una taquilla en Abegondo, pero sus cualidades y la mente fresca de alguien que viene de fuera hacían que valiese la pena haberlo intentado. Quizás acababa también con esa nube negra que persigue al resto y ante la que no se ha rebelado, pero siempre flotará la duda en el ambiente cuando la coyuntura era y es propicia para ascender. En el propio Dépor lo saben y, por eso, según sus códigos y análisis, han pisado el acelerador en este periodo de pases.

Hidalgo y el lazo de las derrotas

Cuando un equipo convive con esa sensación de vivir atascado, de no aprovechar su talento ofensivo, el aficionado acumula una frustración que acaba brotando. De una manera u otra, llegará el día que no haya dique que la contenga. El Dépor jugó mucho peor en León y ante el Albacete, y el barniz de los tres puntos sirvió, en cierta medida, de atenuante, no de eximente. El enfado no dejaba de rumiarse, pero ya no era lo mismo. Frente al Castellón no hubo manera de que una mano pintura lo arreglase y sobrevino por acumulación. Más de un reproche era lícito y viene de lejos. Muchos se centraron en un Hidalgo al que le sigue costando dar con la tecla del equipo y del entorno. ¿Qué jugador ofensivo es hoy mejor que hace unos meses? El Dépor no termina de moverse al compás que él desea, tampoco le ha pillado del tono a la plantilla. Tampoco es capaz de conectar con el aficionado, con la grada. No es sencillo ni cómodo explicar una derrota, ponerle el lazo, cuando hay que preservar, además, la salud del vestuario, pero es una realidad que no ha conseguido crear ese vínculo. Si todo rueda en el césped, se genera solo, pero en las malas, desde fuera ayuda percibir sinceridad, un diálogo directo y sin ambages. No hay aún un canal directo. No domina la escena de un club con una dimensión diferente a todos los que había entrenado hasta ahora.

Mella y la reválida continua

La exigencia de Castalia elevó el nivel de un David Mella que estuvo muy por encima del resto de futbolistas ofensivos del Deportivo en un campo de minas. Las condiciones del partido, aunque exigía una barbaridad, le iban como anillo al dedo. Hubo espacios, también jugadores al máximo de sus revoluciones y disputas a un alto nivel. El zurdo de Espasande está para eso y mucho más. Demostró que, cuando sube el listón, él siempre es capaz de saltar más y más, como ha hecho toda la vida.

Mella está conviviendo con la primera temporada de su carrera, desde que entró en alevines en el Dépor, en la que no es titular indiscutible. Parece una tontería, no lo es. Requiere un andamiaje mental que no todos poseen. Entra, sale. Cambia de posición, de rol. Va consiguiendo no marearse, buscarle un camino, una utilidad a todo lo que se le plantea y se le exige. Siempre con la idea de ayudar al equipo, de ser fiel a su deportivismo, de ser hoy mejor que ayer. Chapó. Rendirá mejor o peor, no se le ve fuera de la senda. Su partido de Castellón debe servir para valorarle en su justa medida cuando, además, la cuota de cantera se va ajustando. Ha sido esta temporada el patito feo de los cuatro magníficos, el que ha convivido con mayor facilidad con el banquillo. Siempre ha sido un tesoro y el Dépor debe lucirlo como tal.

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