Opinión
Colegios en mal estado

Protesta en el CEIP Wenceslao Fernández Flórez / Carlos Pardellas
Goteras, frío en las aulas, ascensores averiados... Estas son algunas de las denuncias de los padres y madres de alumnos de colegios de la ciudad como el Rosalía de Castro, el Wenceslao Fernández Flórez o el Cidade Vella, que sufren a diario esos desperfectos que afectan no solo a la comodidad de los pequeños, sino incluso a su propia seguridad. Las quejas cristalizarán el próximo sábado en una manifestación convocada por la Federación de Asociacións de Nais e Pais de Centros Públicos (Anpas) da Coruña para exigir que se corrijan esas carencias. La movilización partirá de la plaza de Ourense y prevé concluir en O Parrote.
El caso del Wenceslao generó un choque entre la Consellería de Educación y el Ayuntamiento, pues el ámbito escolar constituye uno de esos terrenos pantanosos donde las competencias se cruzan entre ambas administraciones sin que existan motivos aparentes para ello.
Los municipios se encargan de algunas reparaciones menores en los colegios e institutos, así como de abonar el salario de los conserjes, lo que genera que convivan trabajadores dependientes de diferentes administraciones bajo el mismo techo.
Los problemas que han motivado la convocatoria de la citada protesta del día 28, precedida de numerosas concentraciones frente a los colegios citados y que también se han producido en centros de la comarca para reclamar mejoras, deberían generar un debate serio sobre la necesidad de atender de manera urgente deficiencias estructurales que ponen en riesgo a los escolares coruñeses —y de cualquier otro punto de la comunidad—, pues la citada federación denuncia desperfectos en 70 centros de la provincia en los que estudian 22.000 alumnos.
Las demandas, además, no se limitan a las goteras o a evitar que los niños pasen frío en clase, sino que abordan cuestiones capitales como la reducción de ratios en las aulas o la falta de profesores para atender a alumnos con necesidades especiales.
La Consellería de Educación ya puso en marcha el año pasado un plan para tratar de reducir la cifra de alumnos en clase, rebajando de 25 a 20 los alumnos en 4º de Infantil, una medida que se amplió a 5º en el presente curso. Además, este departamento alega que Galicia presenta un promedio de 9,9 alumnos por docente, frente a los 11,3 de la media española, una proporción que previsiblemente irá bajando debido al desplome de natalidad que ha dejado este curso a las aulas gallegas con 4.255 alumnos menos que el anterior.
Aun así, los padres y madres que saldrán a la calle el día 28 llaman la atención sobre la necesidad de solucionar problemas concretos en un sistema educativo que compite con los mejores y que ha abierto debates interesantes como la prohibición de los móviles o la instalación de puntos contra el acoso. Garantizar la reparación de goteras o la calefacción y blindar la atención a los alumnos con mayores necesidades constituyen prioridades que superan cualquier discusión competencial entre administraciones.
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