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Opinión

El Supremo contra Trump

La fuerte desautorización al presidente en su política comercial se inscribe en un clima de miedo —también en Europa— a que la extrema derecha perjudique la economía

El Supremo americano ha decidido que las tarifas recíprocas decididas por Trump en el famoso Liberation Day son ilegales. Ante el recurso de varios grupos empresariales y 12 estados, el Tribunal Supremo ha sentenciado que el presidente no podía hacer uso de sus poderes en caso de emergencia para imponer una subida fuerte y generalizada de los aranceles, ya que esa es una competencia del Congreso.

Es una seria desautorización al presidente. Primero, porque Trump ha erigido gran parte de su política económica, fiscal, e incluso internacional, en la guerra arancelaria. Segundo, porque en el Supremo hay una clara mayoría conservadora y, sin embargo, una mayoría de 6 a 3 ha dictaminado contra Trump. El Supremo limita así los poderes de un presidente que cree que está por encima de las instituciones. En una sentencia que ha debido ser muy madurada, porque ha tardado más tiempo del esperado, le vienen a decir: presidente, estás sometido a la Constitución y a las leyes y no puedes, abusando de tu mayoría en la Cámara de Representantes y en el Senado, imponer tu muy personal interpretación de tus poderes.

Es un varapalo a la política arancelaria de Trump, pero también a la interpretación amplia y extensiva de los poderes presidenciales. Y va a tener repercusiones en el intento de Trump de dictar la política monetaria y acabar con la tradicional independencia de la Reserva Federal, el banco central americano que decide la política monetaria y tiene una gran influencia en la economía americana, la evolución del dólar y, como consecuencia, en toda la economía mundial.

En este siglo y ante la gran crisis económica de 2008, la pandemia y el posterior recrudecimiento de la inflación, la Reserva Federal, bajo las presidencias de Ben Bernanke, nombrado por Bush-2, Janet Yellen, por Barak Obama, y Jerome Powell, por Trump en su primer mandato, ha tenido un papel primordial en la estabilización de la economía americana y mundial. Y lo ha hecho por decisiones de su comité directivo de doce miembros y con independencia del poder ejecutivo. Los resultados han sido positivos y las economías han superado grandes tempestades y han seguido creciendo.

Pero Trump, en la ola de la extrema derecha nacionalista que le permitió volver a ganar las presidenciales de 2024, ha querido cambiarlo todo con un retorno al proteccionismo e imponiéndose a la Reserva Federal. El Supremo le ha parado los pies en el proteccionismo. Veremos cómo acaba la batalla en la Reserva Federal.

Nada más abrir su segundo mandato, Trump exigió que Powell, el presidente de la Reserva Federal, bajara con rapidez los tipos de interés. Pero la Reserva Federal, en el uso de su independencia y aún preocupada por reducir la inflación al 2%, no le ha hecho caso.

Trump reaccionó atacando a Powell, intentado destituir a Lisa Cook, una gobernadora de la Reserva Federal, e incluso procesando al propio Powell con una querella instada por el departamento de Justicia. Pero Powell ha plantado cara y ha tenido la solidaridad de todos los presidentes aún vivos de la Reserva Federal y de los gobernadores de los bancos centrales de los principales países. La independencia de la Reserva Federal —y de los bancos centrales— es un punto fundamental del orden económico.

El mandato de Powell acaba el próximo mayo y Trump —debilitado por la batalla de los últimos meses— no ha podido nombrar presidente de la Reserva Federal a un incondicional, sino que ha acabado designando a Kevin Warsh, un economista ortodoxo de prestigio pero que parece creer que es posible ir hacia una bajada de los tipos de interés americanos del 3,50-3,75% actual hasta el 1%. ¿Qué hará Warsh cuando, en mayo, tome posesión de la presidencia de la Reserva Federal? En principio, solo tendrá tres o cuatro miembros a favor, de los doce del comité que fija los tipos de interés.

Hoy lo importante es constatar que tanto en la política arancelaria como en la monetaria hay una importante reacción contra Trump, que ha sufrido una seria desautorización del Tribunal Supremo americano. Y el miedo a que la extrema derecha meta sus manos en la economía se está extendiendo también a los bancos centrales europeos y al propio BCE. Habrá que volver sobre el asunto.

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