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Opinión | Mujeres

Arte y política

Arundathy Roy se ha dado de baja en la Berlinale 2026. Exigía del festival un posicionamiento firme y claro a favor del pueblo gazatí, y la organización y el jurado, presidido por Wim Wenders, se le resistieron. Wenders argumentó que los artistas tienen que «mantenerse al margen de la política». 

En 1996 Arundathy Roy publicó El dios de las pequeñas cosas, una novela superventas, con la que gañó el Booker y que trata, entre otras muchas cosas, de la trascendencia de los gestos pequeños, de las acciones de cada día, de las decisiones mínimas. Poco más o menos, lo que ahora le pide al jurado de la Berlinale: un pequeño gesto, que por un día tome partido, una decisión mínima.

Su exigencia ha acabado en una revuelta interna y una discusión sobre la naturaleza y la misión del arte.

«Tenemos que mantenernos al margen de la política. Somos el contrapeso de la política, lo opuesto a los políticos; hay que hacer el trabajo de la gente, no el de los políticos», se ha revuelto Wim Wenders. Y ella le ha respondido que «escucharlo decir que el arte no debería ser político es pasmoso».

Roy es de las que siempre toma partido. Con su voz y sus libros ha denunciado la discriminación de las castas desfavorecidas y las minorías religiosas de la India; ha defendido a las poblaciones expulsadas de sus tierras por la construcción de la presa del río Narmada, también en su país; se ha manifestado contra la guerra de Irak; ha criticado la represión y la violación de los derechos humanos en Cachemira. Ahora firma cartas abiertas, comunicados, da conferencias y protesta contra el genocidio en Gaza.

No es Arundathy Roy una escritora que separe literatura y vida —hace seis meses publicó Mi refugio y mi tormenta, sobre su ambivalente relacion con su madre— ni literatura y activismo político.

Roy y Wenders entienden de maneras muy diferentes la política y el arte. Ella es de las que piensan que si se dispone de un altavoz —su talento, su visibilidad, el interés que suscita— se deben gritar al mundo las injusticias. Él prefiere callar y dejar que hablen sus películas. Le guste o no a Wenders también son políticas sus películas. Y también lo son los silencios.

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