Opinión | La bolsa y la vida

Periodista
Nuestras vidas, en manos del 'pentágono económico'

Archivo - Varios billetes sujetos con pinzas. / Eduardo Parra - Europa Press - Archivo
La economía tiene prestigio de ciencia complicada, pero quizá no lo sea tanto y más bien deba entenderse como impredecible por su carácter de ciencia social. El 'homo económicus' debate su vida entre cinco variables que le afectan y que de tomar decisiones acertadas en al menos una de ellas hace de la existencia algo más placentera. Esas cinco variables configuran un 'pentágono de la decisión económica' que conviene interiorizar para no hacer de la vida un infierno. En cada uno de esos vértices teóricos se encuentra el tener, el invertir-ahorrar, el ganar, el gestionar y el gastar. Se diría que cualquier persona o empresa capaz de acertar o ser exitosa en uno de esos factores ya tiene un pie claro en la tranquilidad vital. Muchos son los que se jactan de conocer el secreto del éxito, pero en realidad demasiados son los factores que pueden influir como para asegurar nada si no es a costa de algo y cada caso es susceptible de análisis multivariable complejo.
El 'tener' deriva básicamente de la herencia y las posesiones, que también pueden ser consecuencia de la suerte o de buenas decisiones en el resto de factores de ese teórico pentágono de la decisión. Es el punto de partida que beneficia a algunos y del que no disponen las mayorías. Si alguien tiene patrimonio posee al menos un activo potencial o disponible para el gasto y la inversión. El 'tanto tienes tanto vales' popularizado por el cantante Manolo García se aplica especialmente a la hora de lograr financiación bancaria o credibilidad personal.
La inversión o el ahorro es privativo del que tiene o gana, preludio para el incremento patrimonial si se hace bien. Para los que parten de fortuna, la clave de la inversión es la diversificación. Pero un particular no tiene capacidad para repartir recursos tanto como los grandes inversores así que debe ser prudente. Y la inversión exitosa casi siempre está aparejada a niveles de riesgo. Los grandes de la inversión hablan incluso de la entelequia en ese campo si aplican el apalancamiento o invertir con dinero ajeno, que si se hace bien resulta en beneficio pero si se hace mal puede terminar en ruina. Con la vivienda existe el conflicto de los que la ven como inversión o como gasto. Si es para vivir es gasto ineludible. Y si es para inversión o negocio es para pocos.
Suele decirse que no es más rico el que más tiene sino el que más gana, aunque esa frase, rotundamente cierta, suele ser incomprendida por la mayoría que tiene poco. Una gran fortuna heredada sin perspectivas de ganancias puede ser foco de angustia y escaso goce. Sorprendería la gran cantidad de pobres con riqueza y ricos que viven como pobres. Por el contrario, un profesional de ganancias crecientes tiende a ser sinónimo de éxito, pujanza y potencial. Si se acompaña por los dos siguientes ejes del 'pentágono económicus', no hay situación mejor para un círculo virtuoso.
La buena gestión es un atributo inestimable del conservadurismo económico sin que por ello deba ser menospreciado por los más ambiciosos. Una buena gestión en una escala económica modesta puede llevar a una felicidad completa individual o un devenir empresarial aceptable. En argot popular la clave sería algo así como no estirar más la mano que la manga.
Y, por último, el siguiente eje del pentágono de la gestión económica está el bien gastar. Con suerte, cualquier ciudadano sin agobios se puede encontrar en esta categoría. Gastar bien es casi como gestionar bien pero gozándolo. Un consumidor nato llegará al final de su existencia sin excesivo ahorro (para qué ahorrar tanto y que lo disfrute-gestione el banco) y muchas cosas que tirar pero que le hicieron sonreír. Resulta asombrosa la capacidad de acumulación que tiene el ser humano a lo largo de su vida. El 'minimalismo Kondo' tiene sus defensores, pero llevado al extremo quizá resulta grotesco y no apto para todos. Pero lo importante es que ese gasto esté acompasado al ganar, a la buena gestión y a un tener aceptable. El resultado es una economía general sana siempre que el privilegio del gastar sea de mayorías y no de unos pocos.
El mayor problema del sistema económico actual es que el pentágono económico se distorsiona en lo colectivo cuando los accionistas de las empresas exigen cada vez más, lo mismo que los clientes, los trabajadores, los directivos y los proveedores. El tener se resiente, la gestión se complica, la inversión-ahorro es más difícil y el ganar choca con la competencia. No hay gasto empresarial que satisfaga a ávidos accionistas. Por pura lógica se infiere que no hay empresa que genere excesiva tranquilidad a sus gestores. Como mucho a los propietarios que lograron en lo personal apaciguar los pulsos de ese pentágono económico y se retiraron lejos de la actividad empresarial asegurando sus ganancias.
Y para colmo de complejidad lógica aparece el entorno. Un entorno en la actualidad que introduce elementos de incertidumbre. Entre aranceles variables y amenazas de conflictos y guerras, el Estado tiene el papel fundamental de ofrecer marcos de estabilidad, de esos que minimizan los tirones de cada eje del Pentágono. También del pentágono económico. Del personal y del empresarial.
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